Billetera electrónica no «mata» efectivo (pero lo desplaza de a poco): ¿cuántas cuentas virtuales ya hay en Argentina?

Billetera electrónica no "mata" efectivo (pero lo desplaza de a poco): ¿cuántas cuentas virtuales ya hay en Argentina?

Por Pablo Weiss Auberdiac, iProup | Agosto ,05 2021

Billetera electrónica no "mata" efectivo (pero lo desplaza de a poco): ¿cuántas cuentas virtuales ya hay en Argentina?

Estas aplicaciones viven su momento de gloria en el país, luego del que confinamiento acelerara una tendencia que venía en aumento. Las claves
 
Históricamente, con una economía que se mueve fuertemente en el circuito informal y ante la pesada mochila tributaria, el uso de efectivo domina las transacciones del día a día de los argentinos.

Durante la primera etapa del confinamiento, hubo una «foto» que mostró esa dependencia por el cash: cientos de usuarios se abarrotaron en la puerta de los bancos con la «urgencia» de retirar el dinero de sus cuentas ante la incertidumbre.

Un ejemplo de ello es Suecia, que antes de la pandemia ya estaba decidida a reducir el uso de efectivo y planea abandonar monedas y billetes en el corto plazo. Después del coronavirus, en el país escandinavo solo el 9% de la población paga aún con billetes físicos.

Un proceso en marcha

Jorge Larravide, Gerente de Marketing y Negocios de Credencial Payments, afirma a iProUP que «la digitalización es una tendencia global que está presente en diversos verticales, negocios e incluso procesos».

«El dinero no es una excepción y se suma al concepto de ser digital, tener un mindset digital. El informe de Tendencias en Medios de Pago de Minsait arroja que una de cada tres personas considera que el efectivo nunca desaparecerá, lo cual es una buena noticia porque los dos tercios restantes creen que sí ocurrirá, en 5 o 20 años, pero va a pasar«.

«Con 45 millones de habitantes, ya superamos las 107 millones de cuentas, de las cuales 95 millones son CBU (a la vista en bancos) y 12 millones, digitales (CVU) en fintechs«, dice Larravide.

El directivo indica además que la pandemia aceleró esta digitalización, ya que existe una mayor cantidad de usuarios de apps financieras y, además, aumentó la frecuencia de uso.

Lamenta que muchas cuentas permanecen inactivas, ya que se utilizan para cobrar el sueldo o la jubilación, se extrae el dinero y se opera en efectivo. No necesariamente tener una cuenta o billetera digital permite que el usuario esté digitalizado y no use billetes.

  • Tecnológico: la eficiencia en la transacción y seguridad de las personas que hacen al manejo del dinero digital con sus diversas plataformas
  • Logístico: la reducción de costos asociados a la impresión, transporte, seguridad y almacenaje de billetes y monedas.
  • Políticas de cumplimiento fiscal y prevención de lavado: a diferencia del efectivo, el dinero digital deja una huella. Incluso las criptomonedas pueden rastrearse, y esto reduce los delitos.

Por otro lado, Castelli expresa que la economía informal en Argentina asciende al 40%. Pero el uso del dinero digital durante la pandemia creció exponencialmente, principalmente por los medios electrónicos como Mercado Pago.

«Un escenario en el que el dinero físico desaparece totalmente en Argentina luce poco probable. Al menos,  hasta que las variables macroeconómicas y monetarias se estabilicen y ceda la presión tributaria», agrega. Y añade que existen muchas limitaciones para las Pymes y los comerciantes, ya que «el hecho de aceptar pagos digitales hace que entres en la órbita del BCRA y de la AFIP«.

El uso de billeteras

El uso de billeteras «blanquea» las operaciones del comercio, por lo que no es similar al efectivo

«Yo soy escéptico sobre los enunciados que dicen que el cash desaparecerá en Argentina«, afirma a iProUP Ignacio Carballo, Director del Ecosistema Fintech para América Latina en UCA. Remarca que «eso puede ser válido en países nórdicos. Incluso, si hablamos de Estados Unidos no se puede aplicar, ya que todavía una parte de su población está muy arraigada al uso de cheques».

Asimismo, indica que el cash en Argentina representa ocho de cada 10 pagos, un número similar al promedio de la región, aunque aumenta a nueve de cada 10 en Colombia y México.

«Hoy, las políticas públicas en la mayoría de los reguladores globales no es solo la tradicional referida a estabilidad económica, integridad y protección al consumidor, sino que también incorpora la inclusión financiera, la innovación, la reducción del efectivo y la protección de datos personales», completa.

Carballo resalta que en los pronósticos oficiales asociados al programa Transferencias 3.0 se menciona una reducción del uso del cash del 10% al 15% en un periodo «ventana» de cinco años.

«Creo que es casi imposible pensar en una eliminación del efectivo en una economía como la Argentina, con tanto empleo informal y una moneda débil», agrega.

¿Un futuro cripto?

Antes la posibilidad de un futuro en el que el efectivo sea reemplazado por el uso de las criptomonedas, la fundadora de Mujer Financiera considera que se deben comprender dos cuestiones:

  • Las monedas digitales no son un activo de curso legal en Argentina y no todos los habitantes las utilizan como medio de pago
  • El ecosistema cripto va más allá de incluir al sector informal: apunta a una revolución digital en términos de desarrollo de intercambio de valor por medio de la tecnología blockchain

Sobre el segundo punto, Castelli agrega que, de hecho, «se están desarrollando proyectos para bancos centrales y los gobiernos que buscan tener sus propias criptomonedas para que los Estados entren a esta revolución. Por supuesto que el sector privado avanza primero».

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Las billeteras digitales apuntan a la población que accede a servicios bancarios de calidad

«Primero tenemos el desafío de que todos los ciudadanos accedan y usen cuentas bancarias para  que estén las condiciones necesarias para una revolución cripto«, remarca Castelli. Agrega que también será necesario un cambio en las regulaciones internacionales en materia impositiva y de prevención de lavado de dinero que se ajusten a estos nuevos sistemas.

Por su parte, Carballo añade que en lo que respecta al ecosistema cripto, existe cierto tipo de «anonimato», al igual que el que se genera en el uso de efectivo.

Cómo la pandemia amplió los saldos en cuenta corriente mundiales

Cómo la pandemia amplió los saldos en cuenta corriente mundiales

Por Martin Kaufman y Daniel Leigh | Agosto 02, 2021

El año 2020 fue un año de extremos. Los viajes prácticamente se suspendieron durante un tiempo. Los precios del petróleo experimentaron drásticos altibajos. El comercio de productos médicos alcanzó niveles nunca antes vistos. El gasto de los hogares se trasladó de los servicios a los bienes de consumo, y el ahorro se disparó cuando la gente se quedó en casa en medio del confinamiento mundial.

El apoyo excepcional mediante políticas impidió que se produjera una depresión económica mundial, pero la pandemia pasó una enorme factura en cuanto a vidas humanas y medios de subsistencia. La reacción mundial, como lo evidencian las importantes alteraciones de los viajes, el consumo y el comercio, también hizo que la economía se desequilibrara más en todo el planeta, y así lo reflejan los saldos en cuenta corriente, es decir, el registro de las transacciones de un país con el resto del mundo.

Según nuestro más reciente Informe sobre el sector externo, la reacción mundial a la pandemia amplió aún más los saldos en cuenta corriente mundiales —la suma de los déficits y superávits absolutos de todos los países—, de 2,8% del PIB mundial en 2019 a 3,2% del PIB en 2020. Y como la pandemia sigue causando estragos en gran parte del mundo, esos saldos tenderán a aumentar más.

Si no hubiera sido por la crisis, los saldos en cuenta corriente mundiales habrían seguido disminuyendo. Los déficits y superávits externos no son necesariamente un motivo de preocupación, pero los desequilibrios excesivos —de una magnitud mayor que la justificada por los fundamentos económicos y las sólidas políticas económicas— pueden tener efectos desestabilizadores en las economías dado que alimentan tensiones comerciales e incrementan la probabilidad de que los precios de los activos sufran ajustes bruscos.

Un año sin igual

Las drásticas fluctuaciones de los déficits y superávits en cuenta corriente en 2020 obedecieron a cuatro principales tendencias derivadas de la pandemia:

  • Disminución de los viajes: La pandemia dio lugar a una marcada reducción del turismo y los viajes. Esto repercutió muy negativamente en los saldos en cuenta corriente de los países cuyos ingresos dependen del turismo, como España, Tailandia, Turquía, con consecuencias aún más graves para las economías más pequeñas que dependen del turismo.

  • Desplome de la demanda de petróleo: El desplome de la demanda de petróleo y de los precios de la energía fue relativamente pasajero, y los precios del petróleo repuntaron en el segundo semestre de 2020. No obstante, las economías exportadoras de petróleo, como Arabia Saudita y Rusia, registraron fuertes caídas de sus saldos en cuenta corriente en 2020. Los países importadores de petróleo enfrentaron los correspondientes aumentos en sus saldos comerciales de petróleo.

  • Auge del comercio de productos médicos: La demanda de suministro médicos esenciales para combatir la pandemia, como equipamientos de protección personal, se disparó aproximadamente un 30%, al igual que la de los insumos y materiales necesarios para su fabricación, con las respectivas implicaciones para los importadores y exportadores de estos artículos.

  • Desplazamiento del consumo de los hogares: Al verse obligada la gente a permanecer en casa, los hogares disminuyeron el consumo de servicios y lo reorientaron hacia los bienes de consumo. Este fenómeno fue más intenso en las economías avanzadas, donde se observó un aumento de la compra de bienes duraderos, como los dispositivos electrónicos necesarios para el teletrabajo y el aprendizaje a distancia.

Todos estos factores contribuyeron a que algunos países experimentaran aumentos de los déficits en cuenta corriente, es decir compraron más de lo que vendieron, o, por el contrario, a mayores superávits en cuenta corriente, en los países que vendieron más de lo que compraron. Las favorables condiciones financieras mundiales, gracias al apoyo de política monetaria sin precedentes de los principales bancos centrales, permitieron que a los países les fuera más fácil financiar mayores déficits en cuenta corriente. En cambio, en crisis anteriores en que las condiciones financieras se endurecieron notablemente, fue más difícil acarrear déficits en cuenta corriente, y eso empujó a los países hacia recesiones más profundas.

Además de estos factores externos, la pandemia dio lugar a un masivo endeudamiento público para financiar los servicios de salud y proporcionar apoyo económico a hogares y empresas, lo cual incidió de forma considerable y desigual en las balanzas comerciales.

Las perspectivas

Los saldos en cuenta corriente mundiales se incrementarán aún más en 2021, pero no se espera que esa tendencia se prolongue. Los pronósticos más recientes del personal técnico del FMI indican que los saldos en cuenta corriente mundiales se reducirán en los próximos años, conforme disminuyan el superávit de China y el déficit de Estados Unidos, previéndose que para 2026 se sitúen en 2,5% del PIB mundial.

La reducción de los saldos podría demorar si las grandes economías deficitarias, como Estados Unidos, emprenden nuevas expansiones fiscales, o si el ajuste fiscal ocurre más pronto de lo previsto en países con superávits en cuenta corriente, como Alemania. Un recrudecimiento de la pandemia y un endurecimiento de las condiciones financieras mundiales que perturbe el flujo de capital a las economías de mercados emergentes y en desarrollo también podrían incidir en los saldos.

A pesar del shock de la crisis y quizá debido a su impacto a escala mundial, los excesivos déficits y superávits en cuenta corriente no variaron en términos generales en 2020, y equivalieron a 1,2% del PIB mundial. La mayoría de los factores causantes de los desequilibrios externos excesivos se remontan a antes de la pandemia, e incluyen tanto desequilibrios fiscales como distorsiones estructurales y en la competitividad.

Reequilibrar la economía mundial

Poner fin a la pandemia en todo el mundo es la única forma de garantizar una recuperación económica mundial que evite una agravamiento de las divergencias. Esto exigirá un esfuerzo mundial para ayudar a los países a conseguir financiamiento para la vacunación y para preservar los servicios sanitarios.

Una campaña sincronizada de inversión mundial o de gasto en salud para poner fin a la pandemia y apoyar la recuperación podría tener importantes efectos en el crecimiento mundial sin provocar aumentos de los saldos mundiales.

Los gobiernos deben redoblar sus esfuerzos para resolver las tensiones comerciales y tecnológicas y para modernizar la tributación internacional. Una prioridad básica debe ser eliminar gradualmente las barreras arancelarias y no arancelarias, sobre todo para los productos médicos.

Los países con déficits en cuenta corriente excesivos deben procurar, si es adecuado, reducir los déficits presupuestarios a mediano plazo e introducir reformas a favor de la competitividad, incluidas políticas en los ámbitos de la educación y la innovación. En las economías con superávits en cuenta corriente excesivos y que aún disponen de espacio fiscal, las políticas deben estimular la recuperación y el crecimiento a mediano plazo, por ejemplo a través de una mayor inversión pública.

En los próximos años, los países tendrán que ir en busca del reequilibrio, y al mismo tiempo cerciorarse de que los cimientos de la recuperación sean sólidos y duraderos.

Fuente: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=16056