Crisis laboral de la juventud y COVID-19: una cicatriz prolongada

Crisis laboral de la juventud y COVID-19: una cicatriz prolongada

Por María Fernanda Gómez  | Enero 14, 2021

jóvenes covid-19

La dificultad en la inserción laboral de los jóvenes ha sido una problemática persistente en América Latina y el Caribe. La tasa de desempleo juvenil es tres veces la de los adultos, la tasa de informalidades 1,5 veces más alta, y la inactividades elevada: 21% de los jóvenes no estudian ni trabajan. Las brechas de acceso al empleo entre jóvenes y adultos son comunes incluso en el mundo desarrollado. Sin embargo, este fenómeno es particularmente pronunciado en la región y se ha visto agravado por la crisis del COVID-19. Las afectaciones a la educación, el empleo, y la salud mental derivadas de la pandemia amenazan con generar impactos profundos y de largo plazo en la trayectoria laboral de los jóvenes, por lo que desarrollar políticas focalizadas en esta población es una necesidad inminente.

Barreras para la inserción laboral de los jóvenes

Las causas de una inadecuada inserción laboral de los jóvenes son ampliamente discutidas y podrían clasificarse en:

  1. Aspectos regulatorios que desfavorecen de manera desproporcionada a los jóvenes, como incrementos en el salario mínimo efectivo muy por encima del nivel de productividad.
  2. Problemas de acceso y disponibilidad de información que conllevan al uso de la edad como indicador de productividad.
  3. Desconexión entre las habilidades técnicas y socioemocionales de los jóvenes y las demandadas por los empleadores. Por ejemplo, en Colombia casi la mitad de los egresados de educación terciaria tiene grandes deficiencias en habilidades cognitivas avanzadas.
  4. Desarticulación entre las aspiraciones y la realidad del mercado laboral. Por ejemplo, en Colombia, Chile, México y Paraguay los jóvenes sobreestiman de manera importante el salario esperado de un egresado de educación universitaria.
  5. Elevada rotación en el proceso de autoconocimiento profesional. Los jóvenes de la región tienen en promedio 3,5 empleos en cuatro años de vida laboral.

La crisis laboral juvenil: efectos de corto y largo plazo

La pandemia ha implicado la pérdida de más de 17 millones de empleos en América Latina y el Caribe. En términos de magnitud, esto es equivalente a perder casi todos los puestos de trabajo en Colombia. Dentro de este grupo, los jóvenes están entre los más afectados. En Perú (Lima Metropolitana), el 70% de los jóvenes perdieron su empleo; en Colombia la tasa de desempleo juvenil pasó de 16% a casi 30%; y en México, más del 12% de los jóvenes empleados en el sector formal perdieron su trabajo.

La pandemia ha implicado la pérdida de más de 17 millones de empleos en América Latina y el Caribe. Dentro de este grupo, los jóvenes están entre los más afectados.

El inadecuado acceso de los jóvenes al mercado laboral a raíz de la crisis del COVID-19 tiene consecuencias severas en el corto plazo. Primero, reduce el ingreso y el acceso a servicios básicos. Al inicio de la pandemia, 2 de cada 5 jóvenes a nivel global presentaron una reducción de su ingreso y más del 20% vieron impactado su acceso a una vivienda. Segundo, impacta más allá de los indicadores laborales pues desmejora el bienestar emocional. Los jóvenes que dejaron de trabajar o estudiar durante la pandemia presentaron el doble de probabilidad de padecer ansiedad o depresión que los que siguieron en sus labores. Tercero, puede aumentar conductas de riesgo como el consumo de drogas y alcohol.

Esta problemática también genera consecuencias muy graves en el largo plazo, incluso más allá de la crisis actual, que se conocen como efecto cicatriz. Estudios demuestran que las condiciones al inicio de la vida profesional podrían tener efectos persistentes en toda la trayectoria laboral en términos de accesocalidad, e ingresos. Periodos de desempleo juvenil pueden generar reducciones de más de 20% en el ingreso, especialmente para los trabajadores poco calificados. Más aún, este efecto podría persistir hasta por 15 años para aquellas personas que se gradúan e inician su vida laboral durante una recesión. Adicionalmente, los efectos negativos de largo plazo se extienden al ámbito de la salud emocional y física, pues incrementa la probabilidad de presentar síntomas de ansiedad y depresión hasta 14 años más tarde, y de incurrir en comportamientos de riesgo como fumar.

El inadecuado acceso de los jóvenes al mercado laboral a raíz de la crisis del COVID-19 genera consecuencias muy graves en el largo plazo, incluso más allá de la crisis actual.

Este efecto cicatriz podría explicarse por diferentes causas. No solo los periodos de desempleo podrían generar la depreciación del capital humano impactando la productividad, sino también podrían crear señalizaciones de una baja productividad a los empleadores (sin que necesariamente esto sea cierto). Por otro lado, los mencionados impactos en el bienestar emocional de los jóvenes podrían afectar sus expectativas y aspiraciones, limitando la búsqueda de empleo y generando emparejamientos laborales de mala calidad.

La importancia de mitigar el impacto de la pandemia en los jóvenes

Los impactos profundos y desproporcionados que está generando la pandemia en los jóvenes, que se extenderán incluso después de la recuperación económica, suscitan un llamado urgente a los hacedores de política pública para implementar medidas para mitigarlos. Es fundamental fomentar trayectorias laborales exitosas por medio de acciones como incentivos a la contratación de jóvenes, formación de habilidades acorde con las nuevas realidades del mercado laboral y apoyo en la búsqueda de empleo. El momento de actuar es ahora; de lo contrario, una generación completa que tiene en sus manos el futuro de la región se verá fuertemente afectada por décadas simplemente por tener la mala suerte de iniciar su vida laboral en medio de la pandemia.

Fuente: https://blogs.iadb.org/trabajo/es/crisis-laboral-de-la-juventud-y-covid-19-una-cicatriz-prolongada/  

Qué implica la incertidumbre mundial sostenida

Qué implica la incertidumbre mundial sostenida

Por Ahir HitesNicholas Bloom y Davide Furceri

La incertidumbre mundial alcanzó un nivel sin precedentes al comienzo del brote de COVID-19 y sigue siendo elevada. El índice de incertidumbre mundial —un indicador trimestral de la incertidumbre mundial en torno a la economía y las políticas que abarca 143 países— muestra que, aunque la incertidumbre ha disminuido en torno a un 60% desde el máximo observado al inicio de la pandemia de COVID-19 en el primer trimestre de 2020, sigue estando aproximadamente un 50% por encima de su promedio histórico entre 1996 y 2010.



¿Qué factores impulsan la incertidumbre mundial?  

El crecimiento económico de las principales economías de importancia sistémica, como son las de Estados Unidos y la Unión Europea, es un factor impulsor fundamental de la actividad económica en el resto del mundo. ¿Es este también el caso cuando se trata de la incertidumbre mundial? Por ejemplo, dado el mayor grado de interdependencia entre países, ¿puede esperarse que la incertidumbre de las elecciones en Estados Unidos, el Brexit o las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos se propague y afecte a la incertidumbre en otros países?

Para responder a esta pregunta, hemos creado un índice que mide el grado de los «efectos secundarios de la incertidumbre» en las principales economías de importancia sistémica —los países del Grupo de los Siete (G-7) y China— sobre el resto del mundo. En concreto, para identificar los efectos secundarios de la incertidumbre en economías de importancia sistémica recurrimos a la minería de textos de los informes de países de la Economist Intelligence Unit, que abarcan 143 países desde el primer trimestre de 1996 hasta el cuarto trimestre de 2020.

Para medir los efectos secundarios de la incertidumbre en cada una de las economías de importancia sistémica utilizamos la frecuencia con la que se menciona la palabra «incertidumbre» en los informes cerca de una palabra relacionada con el país respectivo cuya economía tiene importancia sistémica. En concreto, para cada país y trimestre, buscamos en los informes de países las palabras «incierto», «incertidumbre» e «incertidumbres» que aparecían cerca de palabras relacionadas con cada país. Las palabras específicas de los países incluyen el nombre del país, el nombre de los presidentes, el nombre del banco central, el nombre de los gobernadores de los bancos centrales y grandes acontecimientos seleccionados de los países (tales como el Brexit).

Para que el indicador pueda compararse entre países, modificamos la escala de los recuentos brutos según el número total de palabras de cada informe. Un incremento en el índice significa que la incertidumbre está aumentando, y viceversa.

Nuestros resultados ponen de manifiesto dos hechos principales:

Primero: Sí, la incertidumbre en las economías de importancia sistémica tiene importancia para la incertidumbre en todo el mundo.

Segundo: Solo la incertidumbre en Estados Unidos y el Reino Unido tiene efectos secundarios significativos, mientras que la incertidumbre en otras economías de importancia sistémica, en promedio, tiene escasos efectos secundarios a escala mundial.

Empezando por Estados Unidos, el siguiente gráfico muestra el promedio mundial (sin Estados Unidos) de la relación entre la incertidumbre relacionada con Estados Unidos y la incertidumbre general. Muestra que la incertidumbre relacionada con Estados Unidos ha sido una fuente principal de incertidumbre en todo el mundo en las últimas décadas.

Por ejemplo, durante el período 2001–03, la incertidumbre relacionada con Estados Unidos contribuyó a aproximadamente el 8% de la incertidumbre en otros países, en torno al 23% del aumento de la incertidumbre mundial desde la mediana histórica. En los últimos 4 años, la incertidumbre relacionada con Estados Unidos ha contribuido en torno al 13% de la incertidumbre en otros países, con máximos de alrededor del 30%, y aproximadamente el 20% del aumento en la incertidumbre mundial desde la mediana histórica.



La incertidumbre relacionada con las negociaciones del Brexit entre el Reino Unido y la Unión Europea también ha tenido importantes efectos secundarios a escala mundial en los últimos 4 años, con un máximo de más del 30% y una contribución de aproximadamente el 11% del aumento en la incertidumbre mundial durante este período.

Por último, la relación entre la incertidumbre relacionada con otros países de importancia sistémica y la incertidumbre general muestra que la incertidumbre en Canadá, China, Francia, Alemania, Italia y Japón en conjunto tiene escasos efectos secundarios sobre el resto del mundo. Una excepción en los últimos años es China, aunque la mayor parte de la incertidumbre relacionada con este país se debe a las tensiones comerciales con Estados Unidos. Dicho esto, mientras la incertidumbre de otras economías de importancia sistémica tiene escasos efectos secundarios a escala mundial, sí que tiene importantes efectos regionales, como por ejemplo Alemania para las demás economías europeas y China y Japón para varias economías asiáticas.



Fuentehttps://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=14894