Así es como podemos hacer una recuperación verde global, que también impulsa la economía

Así es como podemos hacer una recuperación verde global, que también impulsa la economía

Autor: Charlotte Edmond- Junio 26, 2020

Las políticas específicas y la inversión en energías renovables y eficiencia energética podrían impulsar la economía mundial en un 1,1%, según un informe de la AIE. Su Plan de Recuperación Sostenible también salvaría 9 millones de puestos de trabajo al año y reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía en 4.500 millones de toneladas. Lograr esto requiere una inversión global de $ 1 billón anualmente durante los próximos tres años.

Ahora que muchas naciones están resurgiendo gradualmente, los gobiernos están buscando desesperadamente formas de inyectar vida a las economías tórpidas. Pero, ¿cómo hacen eso mientras mantienen la bendición ambiental que proporcionó el bloqueo? ¿Y por dónde pueden empezar en el camino hacia una recuperación ecológica? Un informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) tiene algunas ideas.

Cambios en la demanda energética global.

Una recuperación sostenible

Las políticas específicas y la inversión entre 2021 y 2023 podrían impulsar el crecimiento económico mundial en un promedio de 1,1% anual, estima la IEA. Su Plan de Recuperación Sostenible también salvaría o crearía alrededor de 9 millones de empleos al año y reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía en 4.500 millones de toneladas a nivel mundial, según un análisis realizado en cooperación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las medidas también acelerarían el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU , brindando capacidades de cocina limpia y acceso a la electricidad a millones de personas en países de bajos ingresos. Lograr esto requiere una inversión global de $ 1 billón anual durante los próximos tres años, o alrededor del 0,7% del PIB mundial actual. El plan establece los enfoques más rentables según las circunstancias de cada país, los proyectos energéticos existentes y las condiciones actuales del mercado.

 

Fortaleciendo el mercado laboral

La IEA estima que de los 40 millones de personas empleadas directamente por la industria energética, alrededor de 3 millones han perdido sus trabajos o están en riesgo de hacerlo como resultado del COVID-19. Otros 3 millones de puestos de trabajo se ven afectados en áreas relacionadas.

Empleo y trabajos en riesgo

Se podría crear una gran cantidad de puestos de trabajo mediante la modernización de edificios para mejorar la eficiencia energética, según el plan de la AIE, con otra franja proveniente del sector eléctrico, particularmente en redes y energías renovables. Las partes energéticamente eficientes de las industrias manufacturera, alimentaria y textil también se beneficiarían de un aumento del empleo, junto con la infraestructura y los vehículos de transporte con bajas emisiones de carbono.

 

Equilibrio entre demanda y seguridad

Se prevé que la inversión en el sector energético se desplome un 20% en 2020, lo que plantea serias preocupaciones en torno a la seguridad energética y la transición a las energías renovables, según la AIE. La inversión en redes eléctricas, la mejora de las instalaciones hidroeléctricas y la ampliación de la vida útil de las centrales nucleares ayudarían en este sentido al reducir el riesgo de interrupciones y aumentar la flexibilidad.

Las mejoras también pondrían los sistemas de energía en una base más sólida para resistir desastres naturales, condiciones climáticas adversas y otras amenazas.

Pasando el punto de pico de emisiones de gases de efecto invernadero

Las recuperaciones financieras pasadas, por ejemplo, después de la crisis de 2008/09, han ido acompañadas de un repunte de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Además de llevar las emisiones proyectadas en 2023 significativamente por debajo de donde están actualmente, el plan de recuperación sostenible también mejoraría la contaminación del aire, lo que reduciría los riesgos para la salud en todo el mundo.

Calidad del aire.

El aumento de la eficiencia y la generación de energía con menos carbono, como se establece en el plan, tienen el potencial de hacer de 2019 el «pico definitivo» de las emisiones globales, lo que nos coloca en el camino para lograr objetivos climáticos a más largo plazo, incluido el Acuerdo de París .

Dados los precios del petróleo y el gas actualmente bajos , el proceso de reforma de los ineficientes subsidios a los combustibles fósiles también podría acelerarse sin perjudicar demasiado a los consumidores.

Costes de reducción de medidas seleccionadas.

Un enfoque cambiado

El enfoque de los gobiernos debe estar en la entrega de proyectos resilientes que puedan estar en funcionamiento en un corto espacio de tiempo. Esto también incluye el desarrollo de una línea de apoyo para industrias en dificultades, como el sector automotriz. De esta manera, también se movilizarán grandes cantidades de capital privado junto con la financiación pública.

La cooperación internacional también será clave para garantizar que las acciones de los países estén alineadas y se restablezcan las cadenas de suministro globales.

“Los gobiernos tienen una oportunidad única en la vida de reiniciar sus economías y traer una ola de nuevas oportunidades de empleo mientras aceleran el cambio hacia un futuro energético más resistente y limpio”, dice el director ejecutivo de la IEA, el Dr. Fatih Birol.

¿Cómo está afectando la pandemia del Covid-19 a nuestros campesinos?

¿Cómo está afectando la pandemia del Covid-19 a nuestros campesinos?

Autor: Schling, Maja; Salazar, Lina; Palacios, Ana; Pazos, Nicolás - Junio 26, 2020

El campo es el motor de la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. De hecho, la región produce suficientes alimentos para atender las necesidades de su población y genera el 16% de las exportaciones de comida a nivel mundial.

Debido a la pandemia global provocada por el Covid-19, y con la intención de minimizar el número de contagios, muchos países han optado por cuarentenas generalizadas que restringen el movimiento de bienes y personas. Si bien la mayoría de los países de la región decretaron al sector agropecuario como esencial para garantizar la seguridad alimentaria, la situación ha implicado varios retos relacionados con el transporte de la producción, la adquisición de insumos, la contratación de mano de obra, la incertidumbre sobre precios y demanda, y la falta de liquidez y crédito, entre otros. ¿Cuáles han sido los efectos inmediatos de la pandemia para la agricultura familiar en la región? ¿Qué retos enfrentan nuestros campesinos en este contexto? ¿Qué consecuencias pueden tener estas medidas en la producción de alimentos?

Datos de un nuevo estudio del BID

Para responder a estas preguntas un equipo del BID realizó el estudio Retos para la agricultura familiar en el contexto del COVID-19. Este estudio, realizado en mayo de 2020, se fundamentó en entrevistas estructuradas por teléfono a una muestra de 105 de pequeños y medianos productores agropecuarios de Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y República Dominicana (aproximadamente 20 productores de cada país).

El cuestionario incluía preguntas sobre el tipo de producción, el efecto del coronavirus en la producción, la cantidad vendida, y el precio de venta, así como sobre la capacidad para conseguir insumos, mano de obra y transporte. Si bien la muestra limitada no permite emitir juicios sobre cual país presenta más problemas relacionados a la pandemia — ni implica que las respuestas sean representativas para todo el sector agropecuario en la región — los resultados sí permiten identificar algunos de los principales problemas que están enfrentando los productores de la región en la actualidad.

Los resultados del análisis muestran que ya se evidencian importantes problemas con la producción agropecuaria. Con respecto a la venta, el 65% de productores afirmaron que el Covid-19 afectó la venta de su producción agrícola, principalmente por la dificultad para transportar los productos a los mercados (reportado por un 70%) o por una diminución de la demanda (reportado por un 40%), entre otros factores. Además, un 67% encontró un precio menor al esperado para sus productos.

Sin embargo, los problemas no terminan aquí. Otras decisiones productivas también se han visto afectadas. Más de la mitad (51.5%) de los productores encuestados mencionaron haber tenido problemas con la obtención de los insumos que necesitaban para la producción (p.ej. semilla, fertilizante, funguicida, herbicida, insecticida), mientras que un 40% reportó dificultades en conseguir mano de obra. Ambos problemas se vincularon muy frecuentemente con las restricciones de movilidad, las cuales también afectaron al transporte de los productos al mercado para un 70% de los encuestados.

Estas interrupciones al flujo habitual del ciclo agrícola implican una reducción en los ingresos y la capacidad de gasto de los productores encuestados, limitando la continuidad de la producción y presentando ya un urgente problema de liquidez. De hecho, el 70% de los encuestados indicó haber tenido que vender activos, utilizar ahorros o solicitar préstamos para afrontar la crisis actual. Además, a pesar de varias políticas que los países de la región han implementado para apoyar al sector en respuesta a la crisis, sólo el 23% de los encuestados reporta haber recibido apoyo del gobierno relacionado al Covid-19.

Mirando hacia el futuro, los productores esperan que la situación productiva se agrave en la siembra, cosecha y venta. Un 40% piensa que el coronavirus traerá problemas para la cosecha futura, mientras que un 53% planea sembrar una cantidad menor a la usual debido a la crisis. Un tercio de los productores asignó esta probable reducción en la siembra a una menor demanda observada, mientras que otro tercio identificó la falta de dinero para comprar nuevos insumos como la razón principal

Si bien este estudio no pretende estimar la magnitud de los efectos que tiene la pandemia sobre el sector agrícola ni los impactos de las varias políticas públicas ya implementadas, la información presentada revela la presencia de retos importantes que pueden tener consecuencias negativas en la producción agropecuaria, y por tanto, en la disponibilidad de alimentos en la región. De hecho, la falta de liquidez evidenciada por parte de los productores puede reducir la producción agrícola, incrementar los precios de los alimentos y limitar aún más el acceso a los alimentos por parte de la población vulnerable.

Además, estos problemas i pueden implicar una disminución en la calidad de vida de nuestros productores de alimentos, un incremento de la pobreza rural, una profundización de la desigualdad y una ampliación de las brechas entre el campo y la ciudad.

Según la FAO, las explotaciones de los pequeños productores corresponden aproximadamente al 80% del total de explotaciones agrícolas en la región, aportando entre el 30% y el 40% del PIB agrícola. Esto implica que es de crucial importancia mantener la producción de la agricultura familiar para que la inseguridad alimentaria no se agudice en la región, una situación que ya viene afectando a aproximadamente 42.5 millones de personas. Por esto, resultan necesarias políticas diseñadas específicamente para impedir la expansión de la pobreza en las zonas rurales y mantener los ciclos agrícolas operativos durante la pandemia del Covid-19.

Los países de la región deben adoptar medidas que: (i) aumenten la liquidez de los productores para que mantengan sus actividades productivas y no se generen disrupciones en la oferta de alimentos, con especial atención a pequeños y medianos productores; (ii) mantengan el acceso a servicios de transporte a precios razonables para garantizar que no haya disrupciones en la distribución de alimentos; y (iii) mantengan o incrementen la demanda de alimentos.

Solo de esta forma podremos proteger a los campesinos quienes producen nuestros alimentos y que son los guardianes de nuestra seguridad alimentaria.