La persistencia de la pandemia nubla la recuperación de América Latina y el Caribe

La persistencia de la pandemia nubla la recuperación de América Latina y el Caribe

Autor: Pienknagura,Roldós,Wener– Octubre 15, 2020

La COVID-19 ha golpeado a América Latina y el Caribe más duramente que a otras partes del mundo, tanto en términos humanos como económicos. El relativamente alto costo humano es evidente: con apenas el 8,2 por ciento de la población mundial, la región ha registrado 28 por ciento de los casos y 34 por ciento de las muertes, hasta finales de septiembre.

En Perspectivas económicas: Las Américas se proyecta una contracción de 8,1 por ciento del PIB regional en 2020. A diferencia de otras recesiones, el empleo disminuyó más marcadamente que el PIB en el segundo trimestre de 2020: 20 por ciento en promedio en los países más grandes, y hasta un 40 por ciento en Perú.

Dos características estructurales de las economías de América Latina y el Caribe contribuyeron al impacto económico relativamente más severo: más gente trabaja en actividades que exigen proximidad física, y menos personas tienen empleos que admitan el teletrabajo, en comparación con otras regiones. Casi un 45 por ciento de los empleos corresponden a sectores de contacto intensivo (como restaurantes, tiendas minoristas o transporte público), comparado con un 30 por ciento en el caso de las economías de mercados emergentes. Por el contrario, aproximadamente solo uno de cada cinco empleos admite el teletrabajo, lo cual representa la mitad de la proporción vista en las economías avanzadas y por debajo del promedio de las economías de mercados emergentes (26 por ciento). Estas características, el alto grado de informalidad y pobreza, y la disminución del comercio y la turbulencia financiera provocada por la debilidad de la economía mundial, contribuyeron a un desplome histórico de la actividad.

Una recuperación desigual…

 La actividad económica empezó a repuntar en mayo, gracias al relajamiento gradual de los confinamientos, la adaptación de los consumidores y las empresas al distanciamiento social, importantes políticas de apoyo en algunos países y la mejora del entorno externo. Sin embargo, las aún altas tasas de contagio y de letalidad han hecho que el proceso de apertura sea relativamente lento, ya que persisten inquietudes acerca de la baja capacidad de los gobiernos y la resiliencia de los sistemas sanitarios.

 Algunos países (Brasil, Costa Rica, Uruguay) experimentaron contracciones menos pronunciadas, y para julio ya estaban cerca de los niveles de tendencia observados en enero. Algunos, particularmente en América Central, se beneficiaron del firme repunte de las remesas y las exportaciones, así como del bajo nivel de los precios del petróleo. En cambio, otros países, como Ecuador y Perú, sufrieron contracciones relativamente grandes, y la actividad permanecía deprimida en julio.

Dado que el turismo representaba entre 20 por ciento y el 90 por ciento del PIB y del empleo en estas economías, los países caribeños fueron los más afectados por la pandemia. Si bien estos países lograron contener la propagación del virus con relativa eficacia, el cese repentino de los arribos de turistas y los confinamientos locales fueron equivalentes a un paro cardíaco para sus economías.

…con profundas secuelas a más largo plazo

En el segundo trimestre, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú perdieron un total de 30 millones de empleos, siendo los segmentos más afectados las mujeres, los jóvenes y trabajadores poco cualificados. Si bien muchos trabajos retornarán conforme se reanude la actividad, las estimaciones actuales apuntan a pérdidas duraderas de ingresos, que podrían borrar algunos de los avances sociales logrados hasta 2015. Se proyecta que la pobreza aumente significativamente, lo cual exacerbará la desigualdad del ingreso, que ya era una de las mayores del mundo antes de la pandemia.

Se prevé que la recuperación sea lenta en general. Según nuestro pronóstico, el crecimiento será de 3,6 por ciento en 2021. En la mayoría de los países, el PIB no retornará a los niveles prepandémicos hasta 2023, y el ingreso real per cápita solo lo hará en 2025, es decir, más tarde que en cualquier otra región.

Las perspectivas dependerán de la incidencia que la pandemia tenga en la demanda externa e interna, y de cómo las secuelas de la crisis afecten la capacidad productiva de la región en el mediano plazo. La economía mundial está ante un largo e incierto camino cuesta arriba, en el que las perspectivas para las exportaciones no son prometedoras. Por el lado de la demanda interna, el consumo de bienes y servicios de contacto intensivo probablemente continuará deprimido hasta que la pandemia esté bajo control, y es posible que los niveles de ingreso sigan siendo bajos incluso después de que esto ocurra. La débil demanda y la incertidumbre reprimirán la inversión a mediano plazo. Algunas pérdidas de empleos probablemente se tornarán permanentes, y eso hará mella en el crecimiento potencial, sobre todo en los casos en que el apoyo fiscal haya sido escaso.

 

Prioridades en materia de políticas

Las enérgicas medidas de política que adoptaron muchos gobiernos fueron cruciales para amortiguar el impacto económico y social de la pandemia, pero su legado será niveles más elevados de deuda pública y privada.

Las políticas deben seguir centrándose en contener la pandemia y cimentar la recuperación. Se debe evitar retirar el apoyo fiscal demasiado pronto.  Pero ese apoyo ha de ir acompañado de compromisos explícitos, enmarcados en leyes y claramente comunicados para consolidar y recomponer los márgenes de maniobra a mediano plazo.

Una vez que la pandemia esté bajo control y que la recuperación esté bien encaminada, estos compromisos deberán ejecutarse, lo que implica que habrá que afianzar las anclas a mediano plazo y las reformas fiscales estructurales reforzando los estabilizadores automáticos, las redes de protección social y el acceso a servicios de salud y educación, y preservando la inversión pública.

La regulación financiera tendrá que abordar los riesgos para la estabilidad financiera que pueden surgir de la crisis. La proporción de deuda empresarial en riesgo (es decir, cuando las ganancias son menores que el gasto en intereses) se ha duplicado, de 14 por ciento en diciembre pasado a 29 por ciento en junio, y en un escenario adverso podría aumentar más en 2021. Reestructurar la deuda será fundamental para que las empresas viables recobren la salud financiera. En el caso de las no viables, se necesitarán marcos de quiebra eficientes y equitativos que distribuyan las pérdidas entre inversionistas, acreedores, propietarios, trabajadores y el gobierno.

A pesar del deterioro de las hojas de balance de las empresas, los bancos de América Latina siguen mostrando solidez. Los bancos estaban en una posición relativamente solida al inicio de la pandemia, con abundantes reservas de capital y de liquidez y un bajo nivel de préstamos en mora. La mayoría estará en condiciones de mantener los coeficientes de capital exigidos, incluso en un escenario peor. Sin embargo, conforme se recupere la actividad, los bancos tendrán que recomponer las reservas de capital para garantizar la estabilidad financiera a mediano plazo. Los países deben vigilar las instituciones más débiles en caso de que la pandemia persista y provoque una recesión más prolongada y severa.

Una recuperación más débil de lo esperado y los riesgos de una pandemia más persistente plantean disyuntivas difíciles para los gobiernos. Las secuelas a más largo plazo y el menor crecimiento del producto potencial se suman a otros retos de las políticas a corto plazo. Si bien algunas reformas estructurales pueden apuntalar la confianza y la recuperación, sobre todo si sirven para sentar las bases para un proceso de crecimiento más sostenido e inclusivo en el futuro, las secuelas de la pandemia podrían ensombrecer las inciertas perspectivas para la región.

Bancos de desarrollo deben apuntar al desarrollo sostenible y resiliente ante el COVID-19

Bancos de desarrollo deben apuntar al desarrollo sostenible y resiliente ante el COVID-19

Autor: BID– Octubre 15, 2020

La crisis COVID-19 ha generado un profundo impacto en el desarrollo económico y social de América Latina y el Caribe. Como respuesta, a través de los bancos de desarrollo, los gobiernos de la región han movilizado financiamiento contracíclico y programas de apoyo a sectores vulnerables. SI bien convenientes, estas medidas deben ser complementadas con una acción mayor. La Asamblea General de ALIDE —que concluyó sus trabajos hoy— propuso que la respuesta de los bancos apunte hacia el desarrollo sostenible y resiliente, con perspectiva de largo plazo.

Cerca de 500 representantes de bancos de desarrollo, organismos internacionales y autoridades de gobierno, principalmente de América Latina y el Caribe, se dieron cita en la Asamblea de ALIDE. Tras conocer las experiencias de los bancos nacionales y regionales, y analizar el panorama económico de la región, los participantes coincidieron en una visión común de la banca, que articule las medidas inmediatas con el financiamiento de ODS y las agendas climáticas internacionales.

“Conocer e intercambiar la experiencia de los bancos de desarrollo nos deja un gran reto por delante. Que es el saber conjugar la respuesta de corto plazo a la crisis COVID-19, principalmente enfocada en las pymes, con la necesidad de establecer una visión de largo plazo, cambiando las estructuras productivas en línea con los ODS y la agenda climática global. Queda el reto de cambiar en nuestras instituciones para que este compromiso se potencie y se concrete en nuestros países, como se ha propuesto en nuestra Asamblea General”, comentó Carlos Linares, presidente de ALIDE.

“El rol de los bancos públicos de desarrollo es hoy más esencial que nunca. En el contexto de la crisis COVID-19, las soluciones que estamos buscando vienen del sector financiero. Por ello, como bancos de desarrollo debemos lograr que el financiamiento fluya en la dirección sostenible y resiliente. Estamos construyendo una comunidad global de bancos que pueda estar comprometida con ello y ALIDE es un importante componente de esta comunidad”, manifestó Rémy Rioux, presidente de International Development Finance Club (IDFC) y CEO de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).

“El escenario de la pandemia demanda de los bancos de desarrollo una agenda común no solo para mitigar impactos, sino para construir el futuro. Es hora de redefinir el rol de los bancos, dirigiendo los recursos financieros hacia el desarrollo sostenible y modernizando los instrumentos financieros. Estas son oportunidades que tenemos y fueron parte de la discusión de la Asamblea General. Como el banco de desarrollo subnacional más grande de Brasil, BDMG impulsa los acuerdos de esta reunión”, sostuvo Sergio Gusmão Suchodolski, presidente de BDMG.

“Las circunstancias dramáticas de la crisis requieren claramente de la intervención pública. En este sentido, el trabajo de los bancos de desarrollo resulta imprescindible. La política de actuación de los bancos de desarrollo debe hacer un uso eficiente de los recursos públicos, debe ser inclusiva, con una mirada estratégica de mediano y largo plazo, incluyendo adopción tecnológica y la digitalización de las empresas y, finalmente, debe ser sostenible. De este modo, estoy seguro de que, como bancos de desarrollo, podremos ayudar a los países de la mejor manera posible en este difícil contexto. Debemos trabajar unidos para que la recuperación no solo sea financiera y productivamente sólida, sino también inclusiva y sostenible”, comentó Juan Ketterer, Jefe de la División de Conectividad, Mercados y Finanzas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

 

Una respuesta global

La Asamblea General de ALIDE recoge la posición de los bancos de desarrollo de América Latina y el Caribe, que próximamente estarán participando de Finance in Common Summit (FIC), la primera cumbre mundial de bancos de desarrollo, de la cual participarán cerca de 450 bancos de desarrollo del mundo, entre nacionales, multilaterales y regionales.

De acuerdo con FIC, el volumen de actividad de los bancos de desarrollo es de unos US$2 billones anuales, 10 por ciento del monto total invertido en el mundo cada año por todas las fuentes públicas y privadas combinadas.

La cumbre se realizará en el marco del Foro de la Paz de París y cuenta con el patrocinio de las Naciones Unidas y la Presidencia de Francia. Además, es una iniciativa de World Federation of Development Finance Institutions (WFDFI)  e International Development Finance Club (IDFC) .

 

Sobre el BID

El Banco Interamericano de Desarrollo tiene como misión mejorar vidas. Fundado en 1959, el BID es una de las principales fuentes de financiamiento a largo plazo para el desarrollo económico, social e institucional de América Latina y el Caribe. El BID también realiza proyectos de investigación de vanguardia y ofrece asesoría sobre políticas, asistencia técnica y capacitación a clientes públicos y privados en toda la región.

 

Acerca de la Asamblea General

La Asamblea General de ALIDE es la cumbre anual de la Banca de Desarrollo de América Latina y el Caribe. Se trata de una reunión de alto nivel donde los principales representantes del sector discuten sobre el financiamiento del desarrollo, establecen relaciones de cooperación y consensos. Se realiza anualmente con la participación de representantes de la Banca de Desarrollo latinoamericana y de otras regiones del mundo, organismos internacionales y autoridades de gobiernos.