Cómo la confianza se ve afectada por las percepciones de desigualdad en América Latina y el Caribe

Cómo la confianza se ve afectada por las percepciones de desigualdad en América Latina y el Caribe

Por Carlos Scartascini – Joanna Valle | Mayo 12, 2021

La falta de confianza entre las personas y entre estas y las instituciones es un problema crónico en América Latina y el Caribe que a menudo se vincula con la desigualdad. Después de todo, en una región que se encuentra entre las más desiguales del mundo, es natural desconfiar de las élites políticas que parecen cooptar al gobierno y asegurarse de que las políticas favorezcan a los ricos en detrimento de los pobres.  Además, cuando el gobierno parece representar a las élites, es fácil que los ciudadanos crean que cada uno está por su cuenta, y que no pueden confiar en que sus conciudadanos puedan trabajar conjuntamente por el bien común. Todo esto es terrible para la democracia, como también lo es para el crecimiento económico, el cual requiere altos niveles de confianza interpersonal y en las instituciones a fin de fomentar la toma de riesgos y una mayor actividad económica.

El problema de la desigualdad y la confianza puede observarse empíricamente en el caso de los países de América Latina y el Caribe. El gráfico a continuación (gráfico 1) que utiliza, por un lado, los coeficientes de Gini como medida de la desigualdad, y, por el otro, datos sobre la confianza interpersonal de la Encuesta Mundial de Valores (WVS, por sus siglas en inglés), muestra la correlación negativa entre la confianza y la desigualdad en los países de América Latina y el Caribe.  Los países de la región se concentran en el cuadrante donde confluyen los niveles más bajos de confianza y los más altos de desigualdad.

Gráfico 1. Relación entre confianza y desigualdad (promedio de país)

Fuente: Cálculos de los autores basados en datos de la Encuesta Mundial de Valores y los Indicadores del Desarrollo Mundial del Banco Mundial.
Nota: 
Los datos sobre la confianza provienen de las seis olas de la Encuesta Mundial de Valores (1981-2014). Los datos del índice Gini provienen de los Indicadores del Desarrollo Mundial (1981-2017). La muestra total consiste en 88 países, entre los cuales se encuentran: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, México, Perú, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela

Al examinar con más detalle los datos, se puede ver que la riqueza no parece ser un indicador tan certero de la confianza interpersonal, como podría esperarse. En cambio, las percepciones que tienen las personas sobre la desigualdad son fundamentales, incluso cuando esas percepciones no siempre reflejan con exactitud su posición en la distribución de ingresos. Factores como el acceso a bienes públicos, en particular la educación y la salud, así como la vulnerabilidad ante la delincuencia, también pueden ser cruciales para la percepción que tienen las personas sobre la equidad en los ingresos.

La verdad es que las personas no son muy buenas para identificar correctamente dónde se ubican sus ingresos con respecto a los niveles de ingreso nacional. Además, les resulta difícil evaluar la distribución de ingresos de forma desapasionada, ya que sus preferencias sociales hacen que se muestren muy reacias a ganar menos que los demás. En el gráfico 2 se exploran estos sesgos, tomando como referencia una encuesta realizada por el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP), para lo cual se comparó la percepción de la clase social de los encuestados con la riqueza y los ingresos declarados por ellos mismos. En ambos paneles, los individuos de los quintiles superiores de la distribución de ingresos y riqueza tienden a creer que pertenecen a una clase inferior a la que indican sus ingresos registrados o la riqueza de sus hogares. En el otro extremo de la distribución, los pobres tienden a sobrestimar su posición en la distribución de ingresos.

Gráfico 2. Subestimación y sobrestimación del ingreso y la riqueza

A. Clase social y distribución del ingreso.

B. Clase social y distribución de la riqueza.

Fuente: Cálculos de los autores basados en los datos de LAPOP.
Notas: Los quintiles de riqueza se crearon a partir del índice de riqueza de activos los activos de los hogares (PCA, por sus siglas en inglés, principal component analysis) utilizando un conjunto de 10 variables binarias que establecen diferentes activos y características del hogar. Posteriormente, de acuerdo con el puntaje, a cada hogar se le asignó un valor del 1 al 5 para generar quintiles de riqueza, como proxy del ingreso del hogar. La clase social es una autoasignación y los encuestados informan los niveles de ingresos. El grupo sin ingresos se incluyó en la clase más baja y representa el 3.99 por ciento de toda la muestra. La muestra incluye datos de tres periodos: 2014, 2016, 2018/2019.

¿Cómo influyen estos sesgos en la confianza de los individuos? El gráfico 3 capta parte de dicha dinámica. Por ejemplo, el panel A muestra los niveles de confianza por quintiles de riqueza y para distintos grados de percepción de equidad en la distribución de ingresos. Las líneas indican los niveles de confianza para cada quintil y cada nivel de percepción de la distribución de ingresos (eje vertical izquierdo). Mientras que las barras identifican la proporción de personas que piensan que la distribución es justa o injusta (eje vertical derecho). Es interesante señalar que, a pesar de que la confianza interpersonal aumenta ligeramente en la distribución de la riqueza, son las percepciones de los encuestados las que marcan la diferencia. El panel B revela otra evidencia importante:  Muy pocas personas de toda la muestra, independientemente del quintil de riqueza al que pertenezcan, se consideran parte de la clase alta (la barra más oscura aumenta apenas levemente con la riqueza real).

Gráfico 3. La percepción de las personas de la riqueza puede estar más estrechamente correlacionada con la confianza que con la riqueza

A. Por percepción de la equidad de la distribución del ingreso

B. Por clase social autoasignada

Fuente: Cálculos de los autores basados en datos del Latinobarómetro.
Nota: La confianza generalizada se calcula a partir de las respuestas a la pregunta: «En términos generales, ¿diría usted que se puede confiar en la mayoría de las personas, o que debe tener mucho cuidado al tratar con ellas?». La confianza es igual a 1 si el encuestado responde «Se puede confiar en la mayoría de las personas» e igual a 0 de lo contrario. Los quintiles fueron creados mediante un análisis de componentes principales (PCA, por sus siglas en inglés, principal component analysis) a partir del Household Asset Wealth Index (Índice de riqueza de los activos de los hogares) utilizando un conjunto de variables binarias que representan diversos activos y características de los hogares. La variable correlacionada con la percepción de la equidad de la distribución del ingreso proviene de la pregunta: «¿Cuán equitativa cree usted que es la distribución del ingreso en su país?». El encuestado se declara de una determinada clase social. En el panel A, los 11 años de la muestra corresponden al periodo 1997-2018. En el panel B, los años de la muestra son 2011, 2013, 2017 y 2018. Se incluyen dieciocho países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Estas cifras ilustran la gran brecha entre la realidad y la percepción. Pero ¿cómo se forman estas percepciones? Si tomamos como ejemplo una de las variables de percepción -la equidad en la distribución de ingresos-, el análisis de regresión arroja algunos resultados convincentes. En primer lugar, tras tener en cuenta las características del vecindario y las experiencias personales, se encontró que la riqueza no es estadísticamente significativa a la hora de explicar las percepciones de los ciudadanos sobre la equidad en la distribución de ingresos.  En segundo lugar, factores como la educación, el acceso a bienes públicos (a saber, la educación, la salud) o la experiencia de una persona con la delincuencia sí tienen un efecto significativo en esas percepciones de equidad. Se puede encontrar más análisis, con diferentes variables de percepción, en esta nota técnica.

Las personas de mayor edad y con mayor nivel educativo tienden a pensar que la distribución de ingresos es más injusta que las personas más jóvenes y con menor nivel educativo. Tanto las víctimas de la delincuencia como las de la corrupción tienden a tener una peor opinión de la distribución de ingresos, al igual que quienes tienen acceso a peores servicios de educación y salud. De hecho, las características del vecindario y las experiencias personales tienden a determinar las percepciones sobre la desigualdad más que las diferencias reales de riqueza relativa (gráfico 4).

Gráfico 4. Determinantes de las percepciones de la equidad de la distribución del ingreso

Fuente: Cálculos de los autores basados en datos del Latinobarómetro.
Nota: La variable dependiente, la percepción de la equidad de la distribución del ingreso proviene de la pregunta: «¿Cuán justa cree usted que es la distribución del ingreso en su país?» La escala de las respuestas oscila entre muy injusta, injusta, justa y muy justa. Se utilizó una regresión logística ordenada con errores estándar robustos e intervalos de confianza al 90%. Los puntos representan los coeficientes de las regresiones y las líneas los intervalos de confianza. La muestra total tiene 28,860 personas en dieciocho países en toda la región entrevistadas en las encuestas de 2007 y 2016.

Nada de esto significa que la desigualdad no sea un factor social y psicológico muy importante. Pero los gobiernos y los formuladores de políticas públicas también deben tener en cuenta el papel de las percepciones a la hora de diseñar políticas destinadas a impulsar la cohesión social. Según la evidencia, si las percepciones de las personas sobre sus ingresos relativos son inexactas, cerrar la brecha de la desigualdad en términos de ingresos y riqueza podría no ser suficiente para aumentar la confianza o incluso el crecimiento integrador.

Fuente: https://blogs.iadb.org/ideas-que-cuentan/es/como-la-confianza-se-ve-afectada-por-las-percepciones-de-desigualdad-en-america-latina-y-el-caribe/

Trilema para las autoridades económicas

Trilema para las autoridades económicas

Por Abebe Aemro Selassie y Andrew Tiffin | Mayo 12, 2021


Imagine que es una autoridad a cargo de la política económica en África subsahariana. Su misión es sacar a su país de la peor crisis sanitaria de la que se tenga memoria, y nadie sabe cuándo terminará: la segunda ola que azotó la región al inicio del año ha amainado pero, aun así, muchos países se preparan para afrontar nuevas olas con la llegada del invierno.

Una buena noticia es que la recuperación mundial está en curso. Las principales economías se están recuperando con fuerza, el comercio mundial ha mejorado, los precios de los materias han subido y se han reanudado los flujos de inversión.

La mala noticia es que, al menos para África subsahariana, las perspectivas de crecimiento a corto plazo son algo más pesimistas. Además, mientras que la vacunación generalizada siga fuera de alcance, deberá enfrentar la tarea nada envidiable de intentar impulsar la economía y, a la vez, hacer frente a nuevos brotes de COVID-19 cuando surjan.

Los tres retos

Esta es la situación actual de muchos ministros de Hacienda en África subsahariana. Enfrentan tres retos inmediatos: primero, atender las mayores necesidades de gasto; segundo, contener un alza pronunciada de la deuda pública y, por último, movilizar más ingresos tributarios.

La forma en que las autoridades gestionen este trilema influirá muchísimo en los resultados económicos y sociales de los próximos años.

Esto requiere encontrar un muy difícil equilibrio ya que, inevitablemente, todo esfuerzo por afrontar uno de los retos complicará los otros dos aspectos. Para aumentar el gasto, por ejemplo, será necesario que las autoridades o bien se endeuden más o bien aumenten los impuestos. O ambas cosas. Por otra parte, aumentar los ingresos fiscales, aunque sea una tarea difícil desde el punto de vista político y social, proporcionaría los recursos tan necesarios para ya sea incrementar el gasto o contener el crecimiento de la deuda. O ambas cosas.


Necesidad de gasto público

Incluso antes de la crisis del coronavirus, y en el contexto de un rápido crecimiento demográfico, las necesidades de desarrollo de África subsahariana ya eran formidables.

A raíz de la crisis, el desarrollo regional se retrasó casi una década, lo que hace que la necesidad de gasto sea aún más acuciante. Por ejemplo, el empleo en la región disminuyó alrededor de 8,5% en 2020 debido a la COVID-19. Más de 32 millones de personas cayeron en la pobreza, y las perturbaciones sufridas en la enseñanza han puesto en riesgo las perspectivas de toda una generación de escolares.

Además, gran parte de los trabajadores más marginalizados de la región se concentraba en algunos de los sectores más golpeados, lo que agravó la desigualdad.

En este contexto, lógicamente, se ha intensificado la necesidad de incrementar el gasto social, y de invertir en salud, educación e infraestructura. Y la presión no hará sino intensificarse, ya que para 2030 casi uno de cada dos nuevos participantes en la fuerza laboral mundial provendrá de‑África subsahariana.

Crecientes preocupaciones por la deuda

Aunque varía según el país, la deuda pública de África subsahariana aumentó a casi 58% del PIB en 2020, el nivel más alto en casi 20 años y un salto de más de 6 puntos porcentuales en apenas un año.

Aunque inferior a los máximos de comienzos de la década de 2000, sigue siendo preocupante en muchos casos debido al aumento constante de la carga financiera.

En 2020, por ejemplo, los pagos de intereses alcanzaron el alarmante nivel de 20% del ingreso fiscal para la región en su conjunto, y en varios casos superaron un tercio del ingreso, lo cual desviaba recursos escasos que podían haberse destinado a acuciantes necesidades sociales y de desarrollo.


Pocos avances en cuanto a recaudación fiscal

Una mayor movilización de ingresos fiscales suele ser el principal instrumento de política económica para cerrar la brecha entre la presión del gasto y una deuda pública sostenible. Pero los avances en este frente en general han sido lentos. Los requisitos específicos para la recaudación varían de un país a otro: en algunos, la atención ha de centrarse en racionalizar las exenciones; en otros, quizá en hacer más eficientes los sistemas tributarios. Pero en casi todos los casos, subir los impuestos es difícil desde el punto de vista político, y peor en las circunstancias actuales en que la crisis ha absorbido los recursos de muchas empresas y hogares. De hecho, en algunos países, muchos han recurrido a la indulgencia tributaria o han postergado los pagos de tributos para llegar a fin año.

El equilibrio justo

Conjugar estas necesidades contrapuestas nunca ha sido fácil. Y la pandemia ha hecho aún más difícil encontrar la combinación justa. Pero cruzarse de brazos no es una opción válida. Cada país enfrenta su propio conjunto de necesidades y disyuntivas, pero cada uno debe encontrar la mejor forma de salir adelante.

La comunidad internacional puede ofrecer un alivio invalorable. La necesidad inmediata es, desde luego, garantizar que todos los países tengan acceso rápido a las vacunas y a un costo razonable. Pero, en general, la comunidad internacional puede apuntalar la recuperación regional aportando recursos que ayuden a simplificar el trilema, por ejemplo, con donaciones, financiamiento en condiciones concesionarias, la prórroga de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G-20 o, en algunos casos, el tratamiento de la deuda conforme al Marco Común.

Pero el esfuerzo mayor debe provenir de la propia África subsahariana. Hoy más que nunca se necesitan reformas enérgicas y transformadoras.

Para dar lugar a una recuperación robusta tras la COVID, las autoridades deben buscar oportunidades para multiplicar las posibles soluciones al trilema. En cuanto al gasto, por ejemplo, promover la transparencia y las reformas de la gestión de gobierno puede mejorar la eficiencia del gasto público y garantizar que los escasos recursos públicos se destinen a quienes más lo necesitan.

Por el lado de los ingresos, la transparencia y la focalización mencionadas tienden a incentivar el cumplimiento tributario. Las iniciativas para mejorar la administración fiscal, por ejemplo, mediante el uso de nuevas tecnologías digitales, pueden ampliar la base tributaria. Y en términos más generales, las autoridades deben buscar formas de recaudar más ingresos de una forma que proteja a los vulnerables y al crecimiento.

En cuanto a la sostenibilidad de la deuda, se necesitan marcos fiscales a mediano plazo para lograr un equilibrio entre la política fiscal expansiva, necesaria a corto plazo, y la consolidación a mediano plazo, fundamental para contener los costos del endeudamiento y preservar la confianza, sobre todo si la deuda es elevada y el financiamiento escaso.

Complementariamente, las autoridades deberían acelerar las reformas para fomentar la actividad del sector privado y la diversificación económica, lo que ayudará a mejorar el crecimiento potencial y la resiliencia, y a crear empleo. Pronto publicaremos un análisis sobre las ventajas a largo plazo de las medidas para fomentar la inversión privada.

En todas estas esferas, ya sea a través de programas, financiamiento de emergencia, asistencia técnica o, simplemente, asesoramiento sobre políticas, el FMI está dispuesto a ayudar.

Fuente: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=15678