COVID-19: Mamás en situación de emergencia

COVID-19: Mamás en situación de emergencia

Por Kristalina GeorgievaStefania FabrizioDiego B. P. GomesMarina M. Tavares

(English)

Hace un año, el mundo cambió, y si bien los efectos de la pandemia sobre los trabajadores han sido desiguales según la región, la nueva realidad ha supuesto una lucha para muchas madres. El cierre de colegios y guarderías obligó a muchas de ellas a dejar su trabajo o reducir su jornada laboral. Nuevas estimaciones del FMI confirman  que este hecho ha tenido consecuencias muy importantes para las madres trabajadoras y el conjunto de la economía. En pocas palabras, en el ámbito laboral, las mujeres con niños pequeños han sido una de las principales víctimas del cese de la actividad económica. 

Tres países —Estados Unidos, el Reino Unido y España— permiten ilustrar las diferentes repercusiones de la pandemia sobre los trabajadores. Estos tres países se encuentran entre los más afectados por el virus a nivel mundial, pero Estados Unidos es el que registró una mayor pérdida de puestos de trabajo. En comparación, los trabajadores británicos sufrieron el mayor recorte de horas de trabajo, mientras que, en España, los trabajadores enfrentaron una mezcla de pérdida de empleo y reducción de jornada.

Estas diferencias fueron especialmente pronunciadas durante los primeros meses de la crisis y se deben en parte a las diferencias en las políticas aplicadas por cada gobierno. Estados Unidos prefirió prestar apoyo a los trabajadores desocupados con un aumento de las prestaciones por desempleo, y durante un período más largo, mientras que el Reino Unido y España optaron por sistemas de retención para preservar los vínculos entre trabajadores y empleadores.

Las madres, las más afectadas

Las divergencias en cuanto a experiencias de los trabajadores no solo varían en función del país, sino también del género. Como muestra un estudio del FMI, en Estados Unidos las mujeres se vieron más afectadas que los hombres, mientras que en el Reino Unido fue todo lo contrario, y en España el nivel de sufrimiento de ambos géneros fue similar.

A pesar de estas diferencias, los tres países tienen algo en común: el confinamiento y las consiguientes medidas de contención han afectado de forma desproporcionada a las madres de niños pequeños. El cierre de los colegios y la puesta en marcha del aprendizaje a distancia obligaron a los padres, y particularmente a las madres, a asumir responsabilidades adicionales en el cuidado de los hijos. 

A raíz de ello, muchas mujeres —que ya venían cargando con el grueso del cuidado de los hijos y las tareas del hogar incluso antes de la pandemia— dejaron su trabajo o redujeron su jornada laboral.

Las mujeres con hijos más pequeños han sufrido mayores pérdidas de empleo y/o mayor disminución de las horas trabajadas que otras mujeres y hombres en esos tres países. En Estados Unidos, por ejemplo, entre abril y diciembre de 2020, ser madre de por lo menos un hijo menor de 12 años reducía la probabilidad de estar empleada en 3 puntos porcentuales respecto a un hombre con un contexto familiar parecido.

Mayores desigualdades de género e ingreso

En nuestro estudio, analizamos detalladamente el mercado laboral de Estados Unidos y concluimos que la carga que asumen las madres de niños pequeños representa un 45% del incremento del total de la brecha de género en materia de empleo. Además, se calcula que esta carga provocó pérdidas económicas por valor de casi el 0,4% del producto entre abril y noviembre de 2020.

Es posible que la pandemia termine agravando no solo la desigualdad de género, sino también la del ingreso. Al profundizar, vemos que un mayor número de madres sin estudios universitarios y de madres de color perdieron su trabajo durante las primeras fases de la pandemia, y que su reincorporación al mercado laboral sigue un ritmo mucho más lento que el de otros grupos de trabajadores. 

Apoyo a las madres

Ante los efectos desproporcionados que los confinamientos y las medidas de contención tienen para las madres, en especial las que tienen hijos pequeños, se requieren medidas focalizadas que faciliten su vuelta al trabajo.

  1. Apoyo financiero: Es fundamental ayudar a las madres que han perdido su trabajo y luchan por sobrevivir y mantener a sus familias. Esto puede hacerse a través de medidas como créditos tributarios a los hogares de bajo ingreso con niños, prórrogas de la prestación de desempleo y ayudas para el cuidado de los hijos.
  2. Guarderías y colegios: Asimismo, los gobiernos deben incluir la reapertura de los colegios en las listas de vacunación prioritaria. La disponibilidad de guarderías es fundamental para que las madres puedan participar en el mercado laboral. Los gobiernos deben dar prioridad a la reapertura de colegios y servicios de guardería, y reducir la probabilidad de que los colegios vuelvan a cerrar en el futuro. Para ello, deberán invertir en infraestructura y procedimientos, con el fin de asegurar una reapertura segura y sostenible de los colegios.
  3. Políticas de redistribución: Las madres, así como las mujeres en general, tienen mayor probabilidad de ocupar puestos de trabajo que requieren la interacción presencial. La COVID-19 ha destruido un gran número de estos empleos, y muchos de ellos no volverán. Por tanto, los gobiernos deben ayudar a los trabajadores a buscar otros empleos, minimizando a la vez la pérdida de capital humano, mediante bonificaciones a la contratación y programas de capacitación, también en tecnología.
  4. Acceso al financiamiento: Ampliar el acceso a servicios financieros sería una muy buena forma de ayudar a las mujeres a montar o mantener un negocio. En este sentido, es esencial sacar todo el provecho posible de las tecnologías financieras para alcanzar una mayor inclusión financiera, en especial en los países en desarrollo. El acceso igualitario a la infraestructura digital, como por ejemplo el acceso a cobertura móvil y de Internet —así como una mayor cultura financiera y digital—, puede marcar un antes y un después para las mujeres.

Durante la pandemia, las madres han sido fundamentales: se han ocupado de los hijos y han asumido muchos de los costos asociados a las medidas de contención introducidas para detener la expansión del virus. Las recomendaciones esbozadas anteriormente son incluso más imperiosas teniendo en cuenta que la economía mundial sigue lidiando para recuperarse de la pandemia. Para que esta recuperación sea completa, la economía mundial debe reintegrar plenamente a las mujeres en la fuerza laboral.

Fuente: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=15629

Lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible exigirá un esfuerzo extraordinario por parte de todos

Lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible exigirá un esfuerzo extraordinario por parte de todos

Por Abdelhak SenhadjiDora Benedek, Edward Gemayel y Alexander Tieman | Abril 29, 2021

(EnglishPortuguês)

El impacto de la pandemia sobre la población pobre del mundo ha sido especialmente duro. La COVID-19 habría empujado a alrededor de 100 millones de personas a una situación de pobreza extrema solo en 2020, y las Naciones Unidas advierten que en algunas regiones la pobreza podría aumentar hasta niveles no vistos en 30 años. La crisis actual ha frustrado los avances hacia objetivos de desarrollo básicos, debido a que los países en desarrollo de bajo ingreso deben ahora compaginar el gasto urgente para proteger vidas y medios de subsistencia con las inversiones a más largo plazo en salud, educación, infraestructura física y otras necesidades esenciales.

En un nuevo estudio, proponemos un marco con el que los países en desarrollo pueden evaluar las opciones de política económica que pueden aumentar el crecimiento a largo plazo, movilizar más ingresos y atraer inversiones privadas con el fin de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Aun con ambiciosas reformas nacionales, la mayoría de los países en desarrollo de bajo ingreso no podrán obtener los recursos necesarios para financiar estos objetivos. Necesitan el apoyo decisivo y extraordinario de la comunidad internacional, que incluye a donantes privados y oficiales, y a las instituciones financieras internacionales.

  Un revés importante

En 2000, los dirigentes mundiales se dispusieron a terminar con la pobreza y a crear una senda de prosperidad y oportunidad para todos. Estos objetivos se plasmaron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, 15 años después, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible previstos para 2030. Estos últimos representan un proyecto compartido de paz y prosperidad, para las personas y el planeta, ahora y en el futuro. Exigen inversiones importantes, tanto en capital humano como físico.

Hasta hace poco, el desarrollo progresaba de forma constante, aunque desigual, con éxitos medibles en la reducción de la pobreza y la mortalidad infantil. Pero ya antes de la pandemia, muchos países no se encontraban en vías de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030. La COVID-19 ha golpeado con fuerza la agenda de desarrollo, infectando a más de 150 millones de personas y acabando con la vida de más de 3 millones. Ha sumergido al mundo en una grave recesión, que ha revertido las tendencias de convergencia del ingreso entre países en desarrollo de bajo ingreso y economías avanzadas.

Desde que comenzó la pandemia, el FMI ha otorgado financiamiento de emergencia por valor de USD 110.000 millones a 86 países, entre los que se encuentran 52 beneficiarios de bajo ingreso. Hemos comprometido en total USD 280.000 millones, y prevemos una asignación general de DEG de USD 650.000 millones que beneficiará a los países pobres sin sumarse a la carga de sus deudas.  El Banco Mundial y otros socios en el desarrollo también han ofrecido su apoyo. Aunque esto por sí solo no es suficiente.

En nuestro estudio desarrollamos una nueva herramienta macroeconómica para analizar las estrategias de financiamiento del desarrollo, que incluye el financiamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Nos centramos en inversiones en desarrollo social y capital físico en cinco ámbitos fundamentales del crecimiento sostenible e inclusivo: salud, educación, carreteras, electricidad, agua y saneamiento. Estos ámbitos clave del desarrollo son los gastos más importantes en los presupuestos de la mayoría de los gobiernos.

Aplicamos nuestro marco a cuatro países: Camboya, Nigeria, Pakistán y Rwanda. En promedio, estos países necesitarán un financiamiento anual adicional de más del 14% del PIB para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030, unos 2½ puntos porcentuales anuales por encima del nivel anterior a la pandemia. Dicho de otra forma, sin un incremento del financiamiento, la COVID-19 habría retrasado los avances hacia los objetivos de desarrollo sostenible en hasta 5 años en los 4 países.

 

Este revés podría ser mucho mayor si la pandemia provoca secuelas económicas permanentes. Las medidas de confinamiento han desacelerado significativamente la actividad económica, privando de ingresos a las personas e impidiendo que los niños vayan a la escuela. Estimamos que el daño duradero al capital humano de una economía y, por tanto, al potencial de crecimiento, podría aumentar las necesidades de financiamiento del desarrollo en 1,7 puntos porcentuales adicionales del PIB al año.

 Afrontar el reto

¿Cómo pueden los países realizar avances significativos hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en estas nuevas circunstancias más difíciles que ha desencadenado la pandemia?

No será fácil. Los países tendrán que encontrar el equilibrio adecuado entre financiar el desarrollo y proteger la sostenibilidad de la deuda, entre los objetivos de desarrollo a largo plazo y las necesidades inmediatas apremiantes, y entre invertir en las personas y modernizar las infraestructuras. Tendrán que seguir ocupándose del asunto en cuestión: gestionar la pandemia. Sin embargo, al mismo tiempo, también tendrán que implementar un programa de reformas muy ambicioso que priorice las siguientes cuestiones:

  • Fomentar el crecimiento, lo que comenzará un círculo virtuoso. El crecimiento amplía la tarta, generando nuevos recursos para el desarrollo, lo que a su vez estimula el crecimiento. Las reformas estructurales que promueven el crecimiento —incluidos los esfuerzos por mejorar la estabilidad macroeconómica, la calidad institucional, la transparencia, la gobernanza y la inclusión financiera— son por tanto esenciales. Nuestro estudio señala cómo el fuerte crecimiento de Nigeria y Pakistán permitió a estos países realizar importantes progresos en la reducción de la pobreza extrema antes de 2015. Reactivar el crecimiento, que desde entonces se ha estancado en estos países muy poblados, será fundamental.

  • Fortalecer la capacidad de recaudación de impuestos es vital para financiar los servicios públicos básicos necesarios para lograr los objetivos de desarrollo principales. La experiencia demuestra que aumentar la relación impuestos/PIB en un promedio de 5 puntos porcentuales a mediano plazo, mediante una política tributaria integral y la aplicación de reformas, es un objetivo ambicioso, aunque alcanzable, para muchos países en desarrollo. Camboya lo ha hecho: en los 20 años anteriores a la pandemia, aumentó sus ingresos tributarios desde menos del 10% del PIB hasta aproximadamente el 25% del PIB.

  • Fomentar la eficiencia del gasto. Aproximadamente la mitad del gasto en inversión pública en los países en desarrollo se desaprovecha. Fomentar la eficiencia mediante una mejor gestión económica, junto con la mejora de la transparencia y la gobernanza, permitirá a los gobiernos lograr más con menos.

  • Catalizar la inversión privada. Reforzar el marco institucional mediante la mejora de la gobernanza y un entorno regulatorio más robusto contribuirá a catalizar nuevas inversiones privadas. Rwanda, por ejemplo, logró aumentar la inversión privada en los sectores del agua y la energía, desde prácticamente nada en 2005–09 hasta más del 1½% del PIB anual en 2015–17.

Aplicadas en paralelo, estas reformas podrían generar hasta la mitad de los recursos necesarios para realizar avances sustanciales hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero aun con estos ambiciosos programas de reformas, estimamos que los objetivos de desarrollo se retrasarían en una década o más en tres de los cuatro países del estudio de caso si tuvieran que hacerlo por sí solos.

Esta es la razón por la que es crucial que la comunidad internacional también redoble sus esfuerzos. Si los socios en el desarrollo aumentan de forma gradual la ayuda oficial al desarrollo, desde el actual 0,3% hasta el objetivo de las Naciones Unidas del 0,7% del Ingreso Nacional Bruto, muchos países en desarrollo de bajo ingreso podrían estar en posición de cumplir sus objetivos de desarrollo de aquí a 2030 o poco después. Proporcionar esta asistencia puede ser una tarea difícil para las autoridades económicas de las economías avanzadas, que están probablemente más centradas ahora mismo en retos nacionales. Pero contribuir al desarrollo es una inversión valiosa con rendimientos potencialmente altos para todos. En palabras de Joseph Stiglitz, la única prosperidad verdadera y sostenible es la prosperidad compartida.

Fuente: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=15594