Enfrentar los peligros de un apalancamiento creciente

Enfrentar los peligros de un apalancamiento creciente

Por Adolfo Barajas y Fabio Natalucci| Marzo 29, 2021

(foto: Feodora Chiosea, de Getty Images)

El apalancamiento —la capacidad de endeudamiento— es un arma de doble filo. Puede estimular el crecimiento económico porque les permite a las empresas invertir en maquinaria para ampliar la escala de producción, o a las personas comprar casas y automóviles o invertir en educación. Durante una crisis económica, puede desempeñar un papel especialmente importante al tender un puente hacia la recuperación.

En los últimos tiempos, en medio de una fuerte contracción de la actividad económica causada por los confinamientos y las prácticas de distanciamiento social que se instituyeron durante la pandemia de COVID-19, las autoridades actuaron para que las empresas y los hogares pudieran seguir accediendo a los mercados de crédito y tomar préstamos para amortiguar la desaceleración. Muchas empresas lograron limitar el número de despidos. Y los hogares cortos de dinero pudieron seguir gastando en necesidades como alquiler, luz y gas, y comida.

Ahora bien, un nivel elevado o un aumento rápido de apalancamiento puede representar una vulnerabilidad financiera, dejando la economía más expuesta a una grave desaceleración de la actividad o una marcada corrección de los precios de los activos. De hecho, las crisis financieras estuvieron precedidas con frecuencia por rápidos aumentos del apalancamiento, denominados a menudo  «booms crediticios».

Creciente apalancamiento, antes y durante la crisis de la COVID-19

El apalancamiento puede medirse como la relación entre el stock de deuda y el PIB, y constituye una aproximación de la capacidad de una economía para atender el servicio de la deuda. Incluso antes de la crisis de la COVID-19, el apalancamiento del sector privado no financiero —que está integrado por hogares y empresas no financieras— iba en constante aumento en muchos países. En el período 2010–19, el apalancamiento del sector a nivel mundial subió de 138% a 152%, y el de las empresas alcanzó un máximo histórico de 91% del PIB. Las condiciones financieras laxas del período posterior a la crisis financiera mundial de 2008-09 fueron un determinante clave del aumento del apalancamiento.

Tanto en las economías avanzadas como en las de mercados emergentes, el endeudamiento se incrementó aún más como consecuencia de las políticas de respaldo desplegadas en respuesta al shock de la pandemia de COVID-19Además, la contracción del producto que sufrieron muchos países contribuyó al aumento de la relación deuda/PIB, y el apalancamiento de las empresas aumentó 11 puntos porcentuales del PIB hasta el tercer trimestre de 2020 inclusive.

Un dilema para las políticas

Las autoridades enfrentan un dilema. Las políticas acomodaticias (recortes de la tasas de política monetaria en conjunción con expansión cuantitativa para recortar los costos de endeudamiento de empresas y hogares) y las condiciones financieras favorables resultantes han apuntalado el crecimiento, pero también han alimentado un alza del apalancamiento. Dicha alza, si bien es necesaria a corto plazo para proteger a la economía mundial del impacto devastador de la pandemia, puede representar una vulnerabilidad que luego pondría en peligro la estabilidad financiera en el futuro.

De hecho, nuestro último análisis arroja indicios de esa disyuntiva.

Las condiciones financieras laxas —cuando los inversionistas rebajan la valoración del riesgo crediticio— estimulan la actividad económica a corto plazo. A la vez, acarrea un costo. A mediano plazo —a los 7 u 8 trimestres—, el riesgo de que se produzca una fuerte desaceleración se agudiza. Esa disyuntiva es más pronunciada durante los booms crediticios. Es decir, a corto plazo el estímulo es mayor, pero a mediano plazo los riesgos a la baja también se acrecientan

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Para las autoridades, la cuestión es cómo evitar que la nueva recuperación corra peligro y, al mismo tiempo, que se produzca una acumulación excesiva de apalancamiento.

Las políticas macroprudenciales pueden ayudar

Nuestro análisis hace pensar que hay medidas que las autoridades pueden adoptar para resolver este dilema, al menos en parte. Las políticas macroprudenciales —por ejemplo, criterios más estrictos de habilitación de los prestatarios, aumento de la capitalización mínima, coeficientes de liquidez para los bancos— pueden aminorar la acumulación de apalancamiento en el sector no financiero.

El análisis muestra que el apalancamiento de los hogares disminuye cuando los países aprietan las herramientas que aplican a los prestatarios (por ejemplo, reduciendo la relación préstamo máximo/valor para los créditos hipotecarios). Cuando aplican regulaciones de liquidez más estrictas a los bancos (por ejemplo, incrementando el mínimo de activos líquidos que deben mantener en proporción al total de activos), el apalancamiento de las empresas baja. Y lo mismo ocurre cuando las autoridades de los mercados emergentes intensifican las restricciones de divisas bancarias (por ejemplo, limitando las posiciones abiertas en moneda extranjera).

Cabe señalar que una mayor restricción macroprudencial puede mitigar el riesgo a la baja para el crecimiento, disipando una disyuntiva crítica para las políticas. Además, si las autoridades relajan las condiciones financieras mediante la política monetaria pero simultáneamente aprietan las herramientas macroprudenciales, es posible contener mayormente los riesgos a la baja a mediano plazo para la actividad económica.

  Cuándo actuar

En el contexto actual, no es sencillo trazar una trayectoria para el endurecimiento de las regulaciones macroprudenciales.

Muchos países están experimentando una incipiente recuperación y una restricción generalizada de las condiciones financieras podría obstaculizar el crecimiento. Con todo, los posibles rezagos entre la activación y el impacto de las herramientas macroprudenciales plantean la necesidad de actuar sin demora. Además, incluso en las economías más avanzadas, las herramientas macroprudenciales están dirigidas exclusivamente a los bancos, en tanto que el suministro de crédito se orienta cada vez más a las instituciones financieras no bancarias.

Estos factores representan una razón contundente para que las autoridades se apresuren a aplicar medidas macroprudenciales más restrictivas a fin de atacar los focos de elevada vulnerabilidad, evitando al mismo tiempo una restricción general de las condiciones financieras. Las autoridades también tendrán que crear urgentemente herramientas para hacer frente al apalancamiento más allá del sistema bancario.

Fuente: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=15275

Cómo pueden ayudar los bancos europeos a la recuperación

Cómo pueden ayudar los bancos europeos a la recuperación

Por Mai Chi DaoAndreas JobstAiko Mineshima y Srobona Mitra| Marzo 26, 2021

 

(foto: Alejandro Castellon/iStock by Getty Images)

 

La solidez de la recuperación tras la COVID-19 dependerá de que los bancos tengan capital suficiente para dar crédito. Aunque al comenzar la pandemia la mayor parte de los bancos europeos contaban con niveles altos de capital, se encuentran muy expuestos a sectores económicos duramente afectados por la pandemia.

Un nuevo estudio del FMI analiza el impacto de la pandemia sobre el capital de los bancos europeos a través de su efecto sobre la rentabilidad, la calidad de los activos y las exposiciones al riesgo. Este enfoque se diferencia de otros estudios recientes —del Banco Central Europeo y de la Autoridad Bancaria Europea— porque incorpora las políticas de apoyo a los bancos y los prestatarios. También incorpora estimaciones granulares de las dificultades del sector empresarial y examina un número mayor de países y bancos europeos.

El análisis concluye que, aunque la pandemia disminuya de manera significativa el capital de los bancos, sus reservas son lo suficientemente importantes como para resistir el probable impacto de la crisis. Además, con las políticas adecuadas, los bancos podrán ayudar a la recuperación con nuevos préstamos.

Tomando como base las proyecciones de enero de 2021 del FMI, la zona del euro se comportará en general con resiliencia ante la profunda recesión de 2020, a lo que seguirá una recuperación parcial en 2021. Se proyecta que el coeficiente de capital agregado disminuya del 14,7% al 13,1% de aquí a finales de 2021 si se mantienen las políticas de apoyo. Más aún, ningún banco incumplirá el requisito de capital prudencial mínimo del 4,5%, incluso sin políticas de apoyo.

 

Aun así, merece destacar al menos tres consideraciones importantes.

En primer lugar, las políticas eficaces tienen importancia.

Las políticas de apoyo son sumamente importantes para reducir el grado y la variabilidad de la erosión del capital de los bancos. Debilitan de forma sustancial el vínculo entre el shock macroeconómico y el capital de los bancos, y disminuyen la posibilidad de que los bancos reduzcan la concesión de préstamos para conservar capital. Además de la reducción de los requisitos normativos de capital, estas políticas incluyen un amplio abanico de medidas de apoyo a los prestatarios, como son las moratorias de la deuda, las garantías de crédito y los procedimientos de insolvencia aplazados. También incluyen donaciones, medidas de alivio tributario y subsidios salariales para las empresas.

 

Fuera de la zona del euro, los bancos de las economías emergentes de Europa sufrirían una erosión mayor del capital de 2,4 puntos porcentuales. En muchos de estos países, los presupuestos públicos más ajustados se traducen en un nivel de apoyo menor.

En segundo lugar, los umbrales de capital basados en el mercado son las referencias más pertinentes.

Para muchos grandes bancos, el capital híbrido —que contiene elementos de deuda y de capital— sería una fuente importante de fondos en un momento en el que el costo del capital es elevado. Pero los inversionistas en capital híbrido suelen confiar en pagos de intereses.

Si las políticas no son eficaces, varios bancos podrían tener dificultades para cumplir sus umbrales de capital conocidos como «importes máximos distribuibles» (IMD), que son más altos que sus requisitos normativos mínimos. Esto daría lugar a restricciones en la distribución de dividendos y los pagos de intereses al capital híbrido, lo que posiblemente espantaría a los inversionistas. Los bancos grandes, que mantienen aproximadamente un 25% del capital en esos instrumentos, podrían verse sometidos a presiones de financiamiento.

 

En tercer lugar, la velocidad de la recuperación es fundamental.

Una recuperación dilatada podría resultar en pérdidas crediticias mucho mayores y en provisiones más altas para deudas incobrables. Si el crecimiento del PIB en 2020–21 se sitúa 1,2 puntos porcentuales por debajo del pronóstico de referencia, la erosión del capital de los bancos podría ser más pronunciada. Más del 5% de todos los bancos correría el riesgo de incumplir sus umbrales IMD, incluso con las políticas establecidas. Además, este porcentaje podría duplicarse si las políticas no funcionan como se proyecta (véase el gráfico anterior).

Políticas para mantener la salud de los bancos

Estos resultados sugieren una estrategia que se centra en los ámbitos siguientes:

  • Continuar con las políticas de apoyo por la pandemia hasta que la recuperación esté firmemente consolidada. El desmantelamiento prematuro del apoyo a los prestatarios podría crear «efectos acantilado» y amenazaría con asfixiar la oferta de crédito justo cuando más se necesita. Cuando la recuperación adquiera impulso, deben endurecerse los criterios de admisibilidad y focalizarse mejor. También podría considerarse cierto apoyo directo en forma de capital para las empresas viables.
  • Especificar las orientaciones de supervisión sobre la disponibilidad y la duración de la reducción de los requisitos de capital. Los supervisores deben especificar el calendario para las reservas de capital de los bancos. Debe permitirse que los bancos reconstruyan las reservas de capital de forma gradual para conservar la capacidad de préstamo. Deben mantenerse las restricciones al reparto de dividendos y la recompra de valores hasta que la recuperación esté bien en marcha.
  • Especificar las orientaciones de supervisión sobre la disponibilidad y la duración de la reducción de los requisitos de capital. Los supervisores deben especificar el calendario para las reservas de capital de los bancos. Debe permitirse que los bancos reconstruyan las reservas de capital de forma gradual para conservar la capacidad de préstamo. Deben mantenerse las restricciones al reparto de dividendos y la recompra de valores hasta que la recuperación esté bien en marcha.
  • Apoyar el saneamiento de los balances mediante el fortalecimiento de la gestión de la morosidad de la cartera de préstamos y el marco de resolución de los bancos. A medida que finalicen las medidas de política, el retraso en el reconocimiento de pérdidas desencadenará una ola de incumplimientos de créditos. Las autoridades de la UE deberían utilizar la actual prueba de tensión de todo el sistema, programada para julio de 2021, para analizar la necesidad de recapitalizaciones precautorias. Deben fortalecerse los mecanismos de insolvencia, para lo que deben abordarse los obstáculos administrativos y establecer procedimientos acelerados de reestructuración de la deuda.
  • Abordar la cuestión de la baja rentabilidad estructural de los bancos. Los bancos necesitarán varios años para reconstruir su capital de forma interna mediante beneficios no distribuidos a menos que mejore su rentabilidad. Por tanto, los bancos deben mejorar sus ingresos no procedentes de intereses y simplificar sus operaciones para mejorar sus estructuras de costos, inclusive mediante un mayor uso de tecnologías digitales. Además, la consolidación podría mejorar la eficiencia de los bancos, al tiempo que facilitaría una mejor asignación del capital y la liquidez dentro de los grupos bancarios.

 

Fuente: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=15253