La inclusión financiera en población afectada por la brecha digital

La inclusión financiera en población afectada por la brecha digital

Por: Otros columnistas | Enero 25, 2021

La coyuntura vivida por cuenta del Covid 19 ha dejado ver que las personas de menores ingresos quienes carecen de acceso a buenas conexiones a internet y dispositivos digitales como los teléfonos inteligentes, están viendo limitada su capacidad de acceder a servicios básicos como atención médica remota, educación virtual, compra de productos básicos en línea y el ingreso a plataformas que puedan generarles nuevos ingresos, entre otros.

Es por eso por lo que el país se enfrenta a un gran reto y es: ¿cómo podemos fortalecer la inclusión financiera y el acceso a servicios básicos para los sectores de la población afectados por la brecha digital?

En primer lugar, para avanzar la inclusión financiera es necesario que los beneficios de la misma sean evidentes y valorados por los usuarios. La actual pandemia nos ha mostrado contundentes ejemplos de ello.

Un paso conexo que tendremos que dar como sociedad en este punto, es el de llevar las métricas de inclusión del monitoreo de uso de productos financieros y la cobertura de los mismos, a medir el impacto que éstos tienen en la calidad de vida de las personas.

Digo que el momento ha llegado para el cambio de enfoque teniendo en cuenta que el 2020 ha permitido grandes avances en inclusión y que según el reporte de inclusión financiera del 2019 de la Superintendencia Financiera de Colombia, en la última década más de 12 millones de colombianos han ingresado al sistema financiero formal y el indicador de acceso a productos financieros ha venido en aumento y el año pasado ya superaba el 82%, lo que equivale a 29,4 millones de adultos con al menos un producto de ahorro o de crédito.

Estos avances deben recordarnos el rol de la inclusión y los servicios financieros como un facilitador para que todos los miembros de la sociedad puedan tener acceso a servicios necesarios para mejorar su calidad de vida.

En segundo lugar; para diseñar soluciones financieras incluyentes hay que reconocer la brecha digital como un contrapeso del impacto positivo de la transformación digital, con el fin de que la tecnología no se vuelva el vehículo para acentuar las desigualdades en una sociedad, magnificándolas.

En el Banco W, por ejemplo, hemos hecho esfuerzos consistentes para generar inclusión financiera en las poblaciones que hoy se ven afectadas por la brecha digital, con la convicción de apoyar el crecimiento de los microempresarios y trabajadores independientes de nuestro país.

Es así como basta con cumplir unos requisitos sencillos para acceder a nuestros créditos: presentar fotocopia de la cédula y tener una antigüedad en el negocio de mínimo 6 meses. No exigimos experiencia crediticia.

En línea con este compromiso, nuestros canales de atención no requieren que los usuarios tengan acceso a tipos específicos de infraestructura digital. Nuestra banca móvil funciona desde cualquier tipo de teléfono y la llamada no tiene costo para el usuario.

Así mismo, la comunicación con nuestros clientes es a través de SMS de manera que es de fácil acceso para todos independientemente del tipo de teléfono celular que tengan y permite una comunicación gratuita de doble vía, dado que pueden responder el mensaje y el costo lo asume el banco.

Contamos con 155 oficinas, 153 corresponsales bancarios propios y 4.357 puntos habilitados a través de redes de recaudo en alianza en todo el territorio nacional que nos permite llegar a poblaciones remotas, prestando los servicios de pagos, depósitos y retiros con conveniencia y oportunidad y sin barreras tecnológicas.

Para complementar estas opciones de interacción de acceso universal, también hemos incorporado tecnologías digitales para prestar un servicio ágil, orientadas a la atención en el domicilio del cliente, venta de productos y servicios en línea, apertura autónoma de productos y consulta digital de información de los mismos.

En el reto de poner la tecnología y la innovación al servicio de las poblaciones más marginadas, los esquemas de colaboración entre sector financiero, entidades gubernamentales y actores que aportan nuevas capacidades, facilitarán la aparición de nuevas alternativas como beneficios para créditos orientados a la financiación de equipos y conectividad que nos permitan como sociedad enfrentar y superar la brecha digital.

Natalia María Gómez Álvarez Vicepresidente de Innovación y Mercadeo del Banco W.

Fuente: https://www.portafolio.co/opinion/otros-columnistas-1/la-inclusion-financiera-en-poblacion-afectada-por-la-brecha-digital-548546

Mujeres y pensiones: Otro desafío agravado por la pandemia

Mujeres y pensiones: Otro desafío agravado por la pandemia

Los sistemas de pensiones en América Latina y el Caribe enfrentan desafíos muy significativos para garantizar la autonomía de los adultos mayores y en especial de las mujeres. Muchas veces, envejecer en nuestros países implica tener que seguir trabajando o depender del apoyo financiero familiar para poder sobrevivir. Pero debemos dejar de pensar que los problemas de los sistemas de pensiones son exclusivos de la vejez: más bien, reflejan la acumulación de desventajas y obstáculos a lo largo de la vida, en particular en las carreras laborales y el mercado de trabajo. ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan nuestros sistemas de pensiones, y cómo impactan a las mujeres? ¿Por qué es más difícil para ellas garantizar su autonomía en la vejez?

La fragilidad de los sistemas de pensiones

Originalmente diseñados como sistemas contributivos y de reparto, muchos de los sistemas de pensiones de la región se encuentran en una encrucijada. Las reformas que introdujeron prestadores privados y ahorro en cuentas individuales no han resuelto los desafíos de cobertura y adecuación de los beneficios de pensión como se pensaba inicialmente. Parte de la población aún no está incluida, y las tasas de reemplazo (el porcentaje del salario habitual de una persona al momento de jubilar) son bajas. Además, la reducción de la pobreza y el crecimiento económico han ampliado una clase media vulnerable, con poco apoyo estatal y también con limitado acceso a instrumentos de ahorro privados. La informalidad laboral, gran sostén del crecimiento económico del último tiempo, también dificulta el ahorro para la vejez y la viabilidad financiera de los sistemas contributivos de pensiones.

La fragilidad de nuestros sistemas de pensiones ha quedado al descubierto con la crisis del COVID-19. La caída del empleo y de los mercados financieros dificultan el ahorro y también entregan menores retornos al ahorro acumulado. En este escenario de pandemia se hace difícil ahorrar y, en lo que respecta a las mujeres, vemos un retroceso importante del trabajo femenino y un retorno a las tareas de cuidado al interior del hogar.
Desventajas para las mujeres

Este contexto se suma a las grandes desventajas que las mujeres de nuestra región han tenido desde antes del COVID-19 para navegar el mercado de trabajo. No solo su participación laboral es en promedio 24 puntos porcentuales menor a la de los hombres (ver gráfico abajo), sino que, cuando trabajan, tienden a tener sus carreras laborales más interrumpidas por el cuidado de los hijos, padres y/u otros familiares mayores; situación que ha sido agravada por la pandemia. En Paraguay, por ejemplo, los hombres contribuyen a la seguridad social durante un 34% de su carrera laboral, mientras las mujeres lo hacen por solo un 20%. La brecha persiste en países con mayor formalidad laboral y cobertura, como es el caso de Uruguay: mientras los hombres uruguayos contribuyen a la seguridad social en promedio durante un 70% de su trayectoria laboral, las mujeres solo contribuyen en un 63%.

Por otro lado, las mujeres enfrentan mayores retos para garantizar la autonomía en la vejez. Por ejemplo, a pesar de tener sistemas de pensiones distintos, tanto en Chile como en Uruguay los hombres tienen mayor probabilidad de retirarse que las mujeres. Pero las opciones de retiro mejoran y se equiparan a las de los hombres cuando esas mujeres han tenido carreras laborales largas, mayor educación, y un buen récord de contribuciones. La acumulación de ventajas – formalidad, ahorro, capacitación – en el mercado laboral permite disminuir brechas de género. Por el contrario, un acceso más restringido al empleo formal y carreras laborales más cortas pueden estar afectando negativamente la probabilidad de que las mujeres puedan retirarse completamente del mercado laboral. Las mujeres que han tenido carreras laborales más cortas tienden además a posponer el retiro hasta que les es financieramente posible retirarse, posiblemente para compensar la caída de los ingresos que implica llegar a la edad legal de retiro. Por su parte, las mujeres que viven con pareja o en distintos tipos de uniones tienden a retirarse más tempranamente, incluso varios años antes de llegar a la edad legal del retiro (presumiblemente esto tiene que ver con el apoyo financiero que pueden recibir de su pareja).  
 
Reflexión en tiempos de crisis

La crisis del COVID-19 ofrece la oportunidad de pensar cómo ampliar coberturas y cómo implementar mecanismos de redistribución de riesgos a lo largo de la vida para incluir a quienes no pueden gozar de carreras laborales estables. Esto será importante pensando en que la informalidad es persistente y que muchos de los empleos perdidos no serán recuperados o serán reemplazados por automatización. Esta reflexión con un enfoque de género es también necesaria, ya que las mujeres son uno de los grandes grupos afectados por la pandemia y sus pensiones futuras pueden sufrir importantes consecuencias.

Fuente: https://blogs.iadb.org/trabajo/es/crisis-laboral-de-la-juventud-y-covid-19-una-cicatriz-prolongada/