Competencia, gatekeeping y billeteras electrónicas: el drama de la interoperabilidad financiera

Competencia, gatekeeping y billeteras electrónicas: el drama de la interoperabilidad financiera

Por América Economía| Noviembre, 10 2021
Cada día surgen fintechs que ofrecen almacenar dinero de los clientes, sin necesidad de una cuenta bancaria, y entregan servicios de pagos a servicios y negocios, un producto que aceleró la inclusión financiera de la región durante la pandemia. Pero nada de esto sirve si no están interconectadas entre ellas y con las distintas instituciones, un problema recurrente en América Latina causado por la falta de regulación y actitudes anticompetitivas de las empresas tradicionales.

En las entradas de las tiendas en Brasil, sea en sus vitrinas o puertas, están pegados stickers que señalan que se aceptan procesadores de pagos Visa, Mastercard o American Express. Antes estos carteles eran esenciales, ya que el consumidor debía estar atento a si el local tenía habilitado el terminal de punto de venta (POS) que aceptara su marca de la tarjeta o si tenía varias maquininhas para cada una de las banderas.

Varios años después, estos stickers comenzaron a pasar desapercibidos, ya que las redes de procesamiento de pagos se volvieron interoperables y los dispositivos se habilitaron para todas las tarjetas. Pero las tiendas comenzaron a colgar otros tipos de carteles, ahora con distintos códigos QR que señalan qué marcas de pagos por transferencias aceptan, como PicPay, Mercado Pago o Banco Inter. Si entre la veintena de cartones de código QR presentados en la caja no estaba la marca de billetera electrónica del consumidor, este no tenía capacidad de pagar.

Pero, una vez más, esta situación ha cambiado desde la entrada en vigor del Sistema de Pagos Instantáneos, o más conocido como Pix, en octubre de 2020. Gracias a esta infraestructura de pagos creada por el Banco Central de Brasil (BCB), las tiendas necesitan una placa con solo un código QR, ya que puede ser leído por todas las aplicaciones de sus clientes, sean cuentas bancarias o billeteras electrónicas.

El sistema no solo permite transferencias directas a los comercios, sino también entre las cuentas bancarias o virtuales de los usuarios de forma gratuita, en 15 segundos y durante las 24 horas al día y siete días de la semana, sin importar qué banco o qué billetera electrónica sea.

“Pix permite que cualquier entidad que esté dentro de la regulación del BCB, es decir, que se registró como institución de pagos o institución financiera, pueda actuar utilizando la misma infraestructura”, explica Adrian Kemmer, profesor de la Escuela de Administración de Empresas de São Paulo de la Fundación Getúlio Vargas (FGV-EAESP). 

Al ser un método de pago instantáneo, digital y habilitado para billeteras electrónicas que no necesitan estar vinculados a una cuenta bancaria, Pix ha permitido la adopción masiva de pagos digitales de muchos brasileños que no estaban bancarizados.

Según una investigación del Observatorio Federación Brasileña de Bancos (Febraban) publicada en diciembre de 2020, cerca de 10 millones de usuarios entraron al servicio bancario digital desde marzo de ese año y el 84% de los encuestados afirmaron tener cuenta bancaria, mientras que en el Global Findex del Banco Mundial publicado en 2017, el nivel de bancarización en Brasil era del 70%.

Además, ha habilitado un método de cobro a los negocios mucho más barato y eficiente. Por ejemplo, actualmente los comercios tardan hasta dos días en recibir los pagos a través de tarjetas de débito. Mientras que, con tarjeta de crédito, el comerciante recibe solo en 30 días y, si quiere anticipar el pago, debe pedir prestado el dinero a su institución financiera con una tasa de interés de 5% a 6% al mes. Con Pix, el comercio recibe la transferencia en 15 segundos y es gratuita para personas físicas y emprendedores individuales, mientras que las personas jurídicas pagan entre 0,99% a 1,4% del valor, dependiendo de su banco, o nada si está asociado a una fintech.

Con un poco más de un año de funcionamiento, Pix ya rivaliza con la tarjeta de débito y el efectivo como principal medio de pago de los brasileños y el 70% pretende usar el sistema en las transacciones del día a día, concluyó una investigación de Zetta, la asociación de empresas de fintechs, realizada junto a DataFolha. Según la investigación hecha por Kemmer, el grado de satisfacción de los usuarios luego de 100 días de uso de Pix fue de 98%.

La eficiencia y satisfacción era tal que incluso la cantidad de secuestros relámpagos, donde los delincuentes robaban las cuentas bancarias de las víctimas a través de Pix aumentó en 39,1% en el primer trimestre de 2021, respecto al mismo período del año anterior. Esto obligó al BCB a reducir el límite de transacciones a R$ 1.000 (alrededor de US$ 180) después de las ocho horas de la noche.

“Hasta el ladrón se dio cuenta que Pix era maravilloso”, se ríe Kemmer. “El nivel de satisfacción del brasileño con este sistema es la consecuencia de la interoperabilidad y creo que va a ser un llamado para que otros países de la región actúen de la misma manera”, añade.

Efecto mariposa

El escenario de interoperabilidad brasileño es totalmente contrario a lo que ocurre en Perú. En este caso, las principales billeteras electrónicas del país son Yape de BCP, y Plin del BBVA, Scotiabank, Interbank, Banbif y Caja Arequipa.

Actualmente, estas billeteras no son interoperables entre sí. De modo que las personas no pueden transferir dinero entre usuarios con billeteras distintas o pagar a negocios que no tengan un código QR que opere con su aplicación.

Pero antes de hablar de la interoperabilidad entre billeteras electrónicas, hay que explorar la interoperabilidad del sistema financiero en Perú, que es inexistente. Por ejemplo, las e-wallets más populares son propiedad de los mayores bancos del país y no fintechs, como en el caso de Brasil o Argentina. Esto porque hasta agosto de 2021, las “billeteras electrónicas” peruanas debían estar vinculadas a una cuenta bancaria convirtiéndose, al final, sólo en una aplicación bancaria.

“En Perú, el porcentaje de no bancarizado está alrededor del 70% de la población económicamente activa y el 60% de la población es informal, no paga impuestos o no recibe servicios financieros”, dice Álvaro Castro, socio de la firma legal Sumara Hub Legal. “La gran promesa del dinero electrónico fue incluir financieramente a las personas que no tenían cuenta bancaria. Pero hoy estamos lejos de un escenario así”, añade.

Una consecuencia directa por la falta de interoperabilidad financiera en Perú se evidenció durante la pandemia, cuando el gobierno aprobó una serie de bonos para los ciudadanos, muchos de los cuales no contaban con cuentas bancarias, por lo que debieron ir a las agencias bancarias para recibir en efectivo estas ayudas económicas, generando aglomeraciones. Castro afirma que si las personas hubieran tenido e-wallets que no dependieran de cuentas bancarias, habrían podido recibir estos servicios de manera segura desde sus casas.

En el caso de Chile, existe una mayor penetración de billeteras electrónicas y estas son interoperables para las transferencias entre usuarios, pero lo que aún no está habilitado es la interoperabilidad para su uso o pago con transferencias directas con mecanismos como el código QR, lo que obliga al comercio a tener múltiples cartulinas con códigos QR o máquinas POS para recibir pagos con tarjetas de distintos emisores.

Obviamente, es una mala experiencia para el consumidor, pero también es un “costo para la economía”, afirma Ángel Sierra, director ejecutivo de la Asociación de Empresas Fintech de Chile (FinteChile). Ya que implica que el negocio debe contratar a distintos adquirentes, pagar por las distintas máquinas POS, abrir cuentas en las distintas billeteras electrónicas del país y disponer de distintos carteles con códigos QR en sus tiendas.

La falta de acceso a servicios financieros digitales, y la inexistencia de mecanismos para pagar ágilmente a través de ellas, perpetúa, además, un problema histórico de la región, que es el uso del dinero en efectivo.

Según “Better than Cash Alliance”, una alianza entre gobiernos, compañías y organizaciones internacionales de las Naciones Unidas que promueve la aceleración de la transición del efectivo a pagos digitales, el dinero en efectivo es muy costoso para el presupuesto de un país, ya que se debe fabricar, distribuir y resguardar. Además, ya que no se puede rastrear su uso, genera informalidad entre los trabajadores y el comercio, y permite el florecimiento de los negocios ilícitos. Finalmente, su uso no deja un historial financiero de los ciudadanos, por lo que estos no pueden acceder a servicios financieros, como crédito, inversiones o seguros.

Gatekeep (muralla de entrada)

Durante los últimos años, la industria fintech latinoamericana ha crecido a pasos agigantados y acelerados por la pandemia. Según datos de Crunchbase, se han invertido más de US$ 7.000 millones en empresas de servicios financieros de la región desde 2016 y solo durante el primer semestre de 2021 se invirtieron US$ 2.000 millones.

Entre el universo de fintechs, el informe KoreFusion Latam Fintech Report 2020 reveló que el 49% de las compañías de servicios financieros digitales de América Latina son de la categoría de pagos, que entregan tarjetas prepago u otras soluciones no basadas en crédito, o que su modelo de negocio está basado en proveer procesamiento de pagos. Entre las principales están las brasileñas PagSeguro y Stone, la argentina Ualá y la mexicana Clip, pero también los neobancos brasileños Nubank, Banco Inter y Neon proveen estos servicios.

Pero aún en este boom del fintech latinoamericano “en Perú no tenemos a nadie cerca de ser un unicornio, no tenemos una startup que haya crecido tantísimo como en los otros países de América Latina”, dice Álvaro Castro.

En Chile, como en Perú, las billeteras electrónicas emisoras de tarjetas prepago más populares están vinculadas a instituciones financieras tradicionales del país, como el Fpay del Banco Falabella, Santander Wallet, Onepay de Transbank o MACH del Banco BCI, mientras que la única no bancaria es la fintech chilena, Tenpo.

Según Castro, las dos principales razones son que existe “mercado bancario concentrado y una actitud general poco colaborativa en materia de interoperabilidad”. “El mindset digital es de colaboración y no de competencia, pero todavía hay algunos actores en las trincheras con la mirada económica a la antigua, donde todos competimos contra todos”, concuerda Fernando Araya, fundador del neobanco chileno Tenpo.

Araya menciona el alto costo de entrada al sistema financiero por parte de un actor no bancario (“La fiesta partió hace mucho rato y en la entrada hay un guardia muy corpulento que te va a hacer muy difícil entrar”) y algunas compañías de retail y e-commerce que crean sus propias billeteras electrónicas para privilegiar sus propios ecosistemas de retail a través de sistemas closed-loops (Por ejemplo, la tarjeta Chek de Ripley sólo puede ser utilizada en esta cadena o en comercios asociados).

Pero además de estas particularidades del sistema, dice que existen sabotajes al objetivo de interoperabilidad. Específicamente, se refiere a Walmart, la cadena de supermercados que ha bloqueado el pago con tarjetas prepago en sus tiendas, culpando a las tarifas elevadas del prepago que terminarían traspasando el costo a los clientes finales.

“Pero cuesta entender esa lógica. La tasa de intercambio fue establecida por marcas y se fijó al equivalente de las tasas de intercambio de las tarjetas de débito. Entonces, si cuesta lo mismo, ¿por qué no aceptas el prepago?”, pregunta el emprendedor. Ángel Sierra tiene una respuesta: “Walmart no tiene prepago, pero sí una tarjeta de crédito con comisiones más altas. Definitivamente, se genera una integración vertical y da para un caso de violación de la libre competencia”.

Amenaza fintech

“En nuestros países es natural que los jugadores establecidos no tengan incentivos de facilitar el acceso a otros y, cuando hay un desarrollo de algunos de los innovadores, también les cuesta ceder hasta que vean oportunidades de negocio o son estimulados por la regulación”, dice María Shakespear, socia y co-líder del departamento fintech del estudio de abogados Beccar Varela de Argentina.

En el caso de Argentina, los bancos siempre mantuvierone l acceso principal al sistema nacional de pagos, pero en el caso de la industria de billeteras electrónicas y pagos digitales el actor dominante era Mercado Pago, el brazo financiero de Mercado Libre. La compañía tecnológica había invertido ampliamente en la creación de una infraestructura de pagos, extendió el uso de QR en los comercios a lo largo del país y lo había hecho de una manera closed-loop, dado que no había regulaciones al respecto. Es decir, los consumidores con cuentas virtuales en Mercado Pago podían solamente pagar a los comercios habilitados con el QR de Mercado Pago.

Sin embargo, a fines de 2020, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) aprobó Transferencias 3.0, una nueva normativa que estandariza los pagos a través de una arquitectura abierta que permite que las transferencias entre el mundo bancario y no bancario sean inmediatas, y, además, que las distintas cuentas bancarias o virtuales puedan ser utilizadas para efectuar pagos en comercios de forma interoperable.

Una vez aprobada la nueva regulación y el crecimiento del uso de las billeteras a raíz de la pandemia, los bancos tradicionales, por su parte, mostraron una actitud recelosa contra las fintechs y pidieron al BCRA poner límites a las transferencias entre cuentas bancarias y virtuales por razones de seguridad, y también admitieron que ponen límites a las transferencias cuando el dinero pasa de un banco a una fintech, lo que causó tensiones y acusaciones cruzadas entre ambos sectores.

“Hay costos de hacer las adaptaciones tecnológicas necesarias, pero, obviamente, también puede haber algún interés comercial, propio de la competencia, de no fomentar que los clientes pasen de un lado para el otro. Sin embargo, la interoperabilidad parece a esta altura ser una tendencia inexorable, sobre todo porque es demandada por los clientes”, explica Daniel Levi, socio y también co-líder del departamento fintech de Beccar Varela. “Por supuesto, hay algunos jugadores que están mucho mejor posicionados que otros, pero creo que hay lugar para todos y para el mercado será muy interesante ver cómo se va a dar en el terreno esa competencia a través de Transferencias 3.0”, añade Shakespear.

Y según Jorge Zanabone, el fundador de Yacaré, el procesador de servicios de pagos enfocado en comercios del interior de Argentina y que nació con un QR interoperable, la competencia entre los distintos actores del sistema financiero ha aumentado. “Muchas e-wallets y bancos procuran que las personas se muden al celular, entonces dan muchos incentivos como reintegros en la misma billetera o grandes descuentos en cadenas de supermercados”, dice.

“Las fintechs están dando beneficios al brasileño para cambiar su cuenta bancaria a una digital y los bancos perciben esto como una amenaza, porque nunca tuvieron que hacer esto y ahora tienen que hacerlo”, dice Adrian Kemmer, de FGV-EAESP. “El Banco Central avisó hace más de 10 años la nueva regulación de interoperabilidad y no sirve de nada reclamarle ahora”, añade.

Un futuro interoperable

Según Álvaro Castro, de Sumara Hub Legal, el concepto que subyace a la interoperabilidad es el open banking, que se refiere a que los clientes puedan exigir a las instituciones financieras a compartir su información con otros actores del mercado. Una gran carretera interconectada, donde la información fluya entre bancos, fintechs, empresas de telecomunicaciones, medios de pagos, compañías de seguros y demás, para que se puedan generar nuevos servicios y productos de acorde a la necesidad del cliente.

“En Perú, estamos lejos de un escenario así. Hay una falta de normativa que obliga la implementación del open banking, pero también hay una falta de visión de mercado”, dice Castro.

Los otros países de la región tampoco tienen una regulación clara respecto a la banca abierta, pero se puede vislumbrar un poco más claramente cómo será un futuro de un sistema financiero aún más interoperable.

Brasil y México ya han emitido las primeras disposiciones de banca abierta, estableciendo que los datos financieros son, efectivamente, del consumidor. Por ejemplo, en el caso de Brasil, a finales de octubre de este año el Banco Central comenzó la tercera etapa de implementación de open banking y una de sus características es que comenzará a instalar la tramitación de propuestas de crédito entre instituciones financieras, lo que significa que los clientes podrán solicitar propuestas de créditos –como préstamos y financiamientos– a varias instituciones al mismo tiempo, sean bancos, financieras, cooperativas y más.

Para Jorge Zanabone, de Yacaré, la interoperabilidad se extiende más allá de las fronteras y de las monedas. El ejecutivo cuenta cómo ha estado en Salta y Jujuy, ciudades al norte de Argentina, donde los artesanos están vendiendo sus productos con códigos QR y cómo visualiza un futuro donde hasta un extranjero pueda venir con su billetera electrónica de su propio país o un argentino, con una billetera de criptomonedas, a comprar estos productos.

“Imaginamos que nuestra plataforma vaya creciendo, para que el comercio pueda abstraerse de qué tiene el cliente en el bolsillo y el negocio pueda cobrarle de forma segura e inmediata”, dice Zanabone. “Hoy el problema no es tecnológico o de rieles de transaccionalidad, sino más bien creativo y de romper los viejos modelos de sistemas cerrados”, añade. Fotos: UnsplashFreepik y Pexels

Recuadro: ¿Más regulación?

“Hoy, el llamado a la política pública es a intervenir en el mercado”, dice Ángel Sierra de FinteChile. “Los privados lo hacen hasta cierto punto, pero siempre velando por sus intereses. Hay un punto que necesitas la política pública para organizar los intereses y que vaya orientado al bien general”, añade.

De esta manera, la regulación cumple una función clave en la interoperabilidad, demostrado por los casos más avanzados de la región, como Argentina, con Transferencias 3.0, y Brasil, con Pix.

Pero en esta regulación, también existen diferencias. Mientras que en Argentina, Transferencias 3.0 fija un estándar creado por la comisión interbancaria de pagos, con la participación del Banco Central, fintechs y bancos, “en el contexto brasileño, el Banco Central no sólo regula, sino que también actúa”, explica Adrian Kemmer de FGV, lo que significa que el BCB no solo fue el creador de Pix, sino que también es el administrador,  centralizando así todo el sistema financiero.

Según el académico, no sería posible en otros países como en Estados Unidos, que “detestan la centralización”. Pero en Brasil, el modelo es preferido ya que entrega al BCB un enorme poder sobre la economía, permitiéndole disponer del big data para revisar todas las transacciones electrónicas del país que ocurren dentro de la plataforma, fiscalizar las transacciones ilegales o las que no son compatibles a la renta de las personas y evitar los fraudes.

Desde la otra vereda, Fernando Araya, de Tenpo, afirma que no todo debe ser regulado por la autoridad: “¿por qué tenemos que esperar a que haya un ente regulatorio que fije los estándares, que no necesariamente es competente o idóneo en términos técnicos?”. El emprendedor añade que los tiempos de regulación son laxos y se tarda mucho en implementar una normativa, lo que deja detrás a los usuarios que se quedan sin servicios en ese período.

En esta situación, el ejecutivo afirma que la interoperabilidad debe ocurrir de manera orgánica, a través de los acuerdos entre las distintas asociaciones de empresas financieras digitales, como FinteChile, con las asociaciones de bancos y de otras instituciones.

Más allá de las regulaciones, el avance tecnológico del sistema financiero ya está andando, dice Iván Wortman, head of partnership de Prometeo, la plataforma más grande de open banking de América Latina y que ofrece servicios a las instituciones acceder a información financiera de los clientes a través de la conexión con otros actores del mercado a través de API.

Las compañías no están esperando las legislaciones para implementar las tecnologías para entregar más valor a sus clientes, como permitir a una compañía administrar automática y rápidamente múltiples cuentas bancarias alrededor de la región, acceder a la información financiera de los clientes para analizar si es apto para recibir un crédito o vincular directamente la billetera electrónica con una cuenta bancaria del cliente y el negocio para permitir pagos, en vez de esperar un estándar global.

“Los bancos están acercándose cada vez más a nosotros para formar alianzas porque ven que aportamos valor y que hay negocio”, dice Wortman. Legislación o no legislación, el negocio está creciendo y es importante que las instituciones se den cuenta que deben subirse a este carro para entregar más valor a sus clientes”, añade.

Fuente: https://www.americaeconomia.com/multilatinas/competencia-gatekeeping-y-billeteras-electronicas-el-drama-de-la-interoperabilidad
Publicado en Impacto del Covid-19.