Colombia: Corresponsales bancarios, un servicio en el que todos ganan

Colombia: Corresponsales bancarios, un servicio en el que todos ganan

Por Freddy Castro, para el Tiempo | Octubre, 04 2021


Don Excelino Santoyo, campesino santandereano de pura cepa, dejó su huella en el país en agosto de 2006, cuando se convirtió en el primer microempresario que prestó servicios de corresponsalía bancaria.

Ocurrió en el autoservicio el Danubio Azul, ubicado frente a la plaza principal de Chipatá (que está en el sur del departamento de Santander), un municipio de 5.000 habitantes. Allí fue posible algo impensable, pero que ya funcionaba en otros países: que un pequeño comercio operara como punto de acceso a los servicios de una entidad financiera.

El local de Excelino ya era un puente entre los chipateños y el sistema financiero, puesto que Bancolombia instalaba cada jueves una mesa para atender solicitudes de crédito. Así los lugareños se ahorraban los costos asociados a los 20 minutos de desplazamiento a Vélez, la población más cercana que sí contaba con una oficina del banco. Ese reconocimiento previo le permitió al Danubio Azul dar el paso hacia la corresponsalía bancaria.

Por esta vía empezó a materializarse el sueño fundacional que establecía que el sistema financiero llegaría a todos los rincones de la patria, visualizado desde la creación del primer banco del país, en 1864, el Banco de Londres, México y Sudamérica. Entonces se decretó que esta entidad tendría oficina en los nueve estados soberanos, lo que hoy llamamos departamentos, de los Estados Unidos de Colombia.

Nuestro primer banco quebró y luego pasó casi siglo y medio de aprendizaje y expansión del sistema financiero. En este período, la suma de esfuerzos de la Caja Agraria, los bancos, las cooperativas con actividad financiera y las ONG microcrediticias (algunas de ellas convertidas en banco tiempo después) permitió que los servicios financieros llegaran a todos los departamentos del país.

No obstante, para 2006 no era posible ahorrar, asegurarse, retirar efectivo, hacer transferencias, pagar servicios o acceder a crédito formal en tres de cada diez municipios. Chipatá era uno de ellos. Los costos de operación de una sucursal bancaria limitaban la cobertura en regiones apartadas o con poca población.

Ya para la primera década de este siglo, al entonces presidente Álvaro Uribe lo trasnochaba acabar el ‘gota a gota’. Su deseo lo llevó a impulsar la creación de los corresponsales y de la Banca de las Oportunidades, invitando paralelamente a los intermediarios financieros a atender a los más vulnerables.

El resultado de este proceso

Después de superar varias vicisitudes, hoy es común ver tiendas, papelerías o droguerías con corresponsal bancario. Estos llegaron a todos los municipios del país en 2015, y ya para 2020 representaron el 12,7 por ciento de las transacciones monetarias, alcanzaron los 232.202 puntos de conexión y están habilitados en 45 entidades financieras.

De las cifras se infiere que su aporte al crecimiento del porcentaje de adultos que accede a productos de depósito o crédito ha sido significativo, ya que pasó de 52 por ciento en los tiempos en que don Excelino inició operaciones a 87,8 por ciento al cierre de 2020. Muchos propietarios y empleados de pequeños comercios se la jugaron por prestarle un servicio a su comunidad, mientras desarrollaron una fuente complementaria de ingresos.

Pese a que los números son buenos, la tarea sigue inconclusa, porque si bien aumenta el acceso al sistema financiero, las brechas entre ciudades y zonas rurales se exacerban. La pobreza y los bajos niveles de conectividad y cultura digital explican esta situación. Además, el contexto de un ciudadano que vive cerca de la plaza del pueblo –ubicación de la mayoría de las oficinas y corresponsales bancarios– no es el mismo del que se debe desplazar por horas para llegar a ella.

Por eso existe una agenda, liderada por el presidente Iván Duque, que promueve acciones en el marco de la política de inclusión financiera. Algunas iniciativas están asociadas a mejorar el canal de corresponsalía, facilitando la construcción de equidad a partir de la prestación de servicios financieros.

Presente y porvenir

El trabajo de la Unidad de Regulación Financiera y la Superintendencia Financiera facilitó, desde 2020, la creación de la corresponsalía bancaria móvil o digital. Esta alternativa permite que la entidad financiera llegue a la puerta de la casa, evitando desplazamientos a la plaza del municipio.

Personas que desarrollan actividades económicas específicas en el territorio, por ejemplo, vendedores de productos por catálogo, ofrecerían estos servicios. Incluso, en algunos casos será posible realizar transacciones fuera de línea.

Bajo esta figura, las entidades financieras harán lo que han hecho desde los tiempos de Excelino: garantizar la seguridad de las transacciones e informar a la población de las condiciones y servicios ofrecidos en este canal, así como las personas habilitadas para ejercer la actividad, las cuales deben cumplir estrictos estándares de idoneidad.
No es para menos, ellos serán una punta de lanza que ensanchará la cultura digital y la inclusión financiera de los más vulnerables.

La tarea no termina ahí. En equipo con el Grupo Consultivo para Ayudar a los Pobres (CGAP, por sus siglas en inglés) y con algunas entidades públicas y privadas, revisamos casos internacionales para robustecer el modelo.

Se priorizaría la consolidación de los datos con la ubicación exacta de cada punto y el desarrollo de esquemas alternativos que permitan que más personas, especialmente de zonas rurales, ejerzan roles como el de Excelino, manteniendo los estándares de calidad y seguridad.

Hoy el debate sobre inclusión financiera gira alrededor de temas que, al igual que el canal de corresponsalía, forman parte de un mismo edificio. Algunos se presentarán en el Congreso de Acceso a Servicios Financieros y Medios de Pago de Asobancaria.

Se destacan open banking, pagos digitales, interoperabilidad y blockchain. Lo anterior sin dejar de lado hitos como la expedición del decreto que moderniza los sistemas de pago de bajo valor y la Ley de Mercado de Capitales. Esta última se discute en el Congreso y ha sido concebida por el presidente Iván Duque e impulsada por el ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo.

Mientras avanzan estas discusiones, que sea una ocasión para evocar a Excelino Santoyo, quien dejó el mundo hace cuatro años. El Danubio Azul ahora es una ferretería administrada por su esposa (Ana Vidalia Díaz). Allí, y después de 15 años, sigue siendo posible pagar servicios, retirar efectivo, acceder al crédito o hacer transferencias. Todo gracias al paso que dio un campesino santandereano de pura cepa.

(*) Director de Banca de las Oportunidades.

FREDDY CASTRO
PARA EL TIEMPO

Fuente: https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/corresponsales-bancarios-un-servicio-que-beneficia-a-la-gente-622998

Estudio del BID proyecta crecimiento de la pobreza y la desigualdad tras el COVID-19

Estudio del BID proyecta crecimiento de la pobreza y la desigualdad tras el COVID-19

Por BID | Septiembre, 29 2021

  • ¿Cómo afecta el COVID-19 a los niveles de desigualdad?  demuestra que el COVID-19 revirtió la tendencia creciente de los ingresos laborales en la región. 

  • La pandemia representa una oportunidad para impulsar una recuperación económica con un enfoque inclusivo y enfrentar los problemas estructurales de los mercados laborales. 

    La crisis causada por el COVID-19 podría aumentar la incidencia de la pobreza en América Latina y el Caribe del 30,6% al 36,9%, según un nuevo estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El estudio, titulado ¿Cómo afecta el COVID-19 a los niveles de desigualdad? , analiza la tendencia de la desigualdad en los ingresos laborales y cómo se evidencia a partir de diferentes dimensiones del mercado laboral. Además, a través de un análisis prospectivo para 10 países, la publicación proyecta cómo un choque externo inesperado como la pandemia podría afectar los ingresos de los trabajadores.

    El estudio  demuestra que la desigualdad en la distribución de ingresos −medida por el coeficiente de Gini− venía teniendo una tendencia a la baja en América Latina y el Caribe desde la década de los noventa. En los últimos 20 años se venía evidenciando un crecimiento de los ingresos de los trabajadores en la región. Incluso, los ingresos de las personas que menos ganan venían creciendo más que los de aquellas que reciben salarios más altos. Además, se venían cerrando las brechas de ingreso entre las zonas rurales y urbanas, entre hombres y mujeres, entre trabajadores formales e informales y según el nivel de educación. Sin embargo, el análisis evidencia que la desigualdad todavía es un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento en la región, que se sigue caracterizando por una marcada desigualdad social y económica en comparación con otros países del mundo.

    Por otro lado, el estudio  demuestra que la pandemia revirtió la tendencia creciente de los ingresos en la región y, por tanto, el ritmo al que se estaba reduciendo la desigualdad de ingresos. Tomando en cuenta los sectores económicos más afectados por la crisis del COVID-19, el tamaño de las empresas y la forma de contratación, los autores estiman que, en promedio, el 27% de los trabajadores son vulnerables y están expuestos a una fuerte reducción de sus ingresos debido a choques externos como la pandemia. Además, se destaca que el coeficiente de Gini podría aumentar de 0,473 a 0,498 en los ingresos promedio y que el 80% de las personas que entrarían a la pobreza viven en áreas urbanas.

    “La situación no es fácil. Tal como plantea la Visión 2025 del Grupo BID, se deben considerar planes de reactivación económica y del empleo que promuevan la inclusión de las mujeres y de poblaciones vulnerables”, afirma Laura Ripani, jefa de la División de Mercados Laborales del BID. “Además, estamos ante una oportunidad de enfrentar los problemas estructurales de la región y, de esta forma, atacar las brechas que siguen persistiendo en el mercado laboral a la vez que se revierten los efectos adversos de la pandemia. Para este fin, se deben considerar medidas que favorezcan la creación de empleo formal, la ampliación en la cobertura y equidad de los sistemas de la seguridad social, y la protección del ingreso de los hogares”, agrega Ripani.

    ¿Cómo afecta el COVID-19 a los niveles de desigualdad?  constituye la octava entrega de la serie El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe. A través de esta serie, el BID busca agregar nuevos datos que permitan reflexionar sobre cómo la región puede aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos que se plantean alrededor de este tema trascendental.

    Fuente: https://www.iadb.org/es/noticias/estudio-del-bid-proyecta-crecimiento-de-la-pobreza-y-la-desigualdad-tras-el-covid-19