Las condiciones financieras se han distendido, pero las insolvencias son un riesgo predominante

Las condiciones financieras se han distendido, pero las insolvencias son un riesgo predominante

Autor: Tobias, Adrian; Natalucci, Fabio - Junio 25, 2020

En medio de la tragedia humana y la recesión económica desencadenadas por la pandemia de COVID-19, el reciente resurgimiento del apetito por el riesgo en los mercados financieros ha llamado la atención de los analistas. Tras sufrir bruscas caídas en febrero y marzo, los mercados de acciones han repuntado, en algunos casos prácticamente a los niveles observados en enero, mientras que los diferenciales de crédito se han reducido notablemente, incluso para las inversiones de mayor riesgo. Esto ha creado una aparente desconexión entre los mercados financieros y las perspectivas económicas. Al parecer, los inversionistas están apostando a que el apoyo prolongado de los bancos centrales dará pie a una recuperación rápida, si bien los datos económicos apuntan a una desaceleración más profunda delo previsto, como se señala en la Actualización de las perspectivas de la economía mundial de junio de 2020.

 

Fuerzas divergentes

En la más reciente Actualización del Informe sobre la estabilidad financiera mundial analizamos esta divergencia entre la economía real y los mercados financieros, y los riesgos conexos. Hay mucha incertidumbre acerca de las perspectivas económicas y los inversionistas son muy sensibles a la evolución de la COVID-19, y por eso la pandemia está dejando al descubierto vulnerabilidades financieras preexistentes. Los niveles de deuda están en aumento, y las posibles pérdidas crediticias derivadas de insolvencias podrían poner a prueba la resiliencia de los bancos en algunos países. Las economías de mercados emergentes y preemergentes se enfrentan a riesgos de refinanciación, y los países con calificaciones crediticias más bajas han empezado a recobrar el acceso a los mercados solo lentamente.

Los principales bancos centrales del mundo han contribuido a la notable distensión de las condiciones financieras mediante recortes de las tasas de interés y ampliaciones de los balances equivalentes a más de USD 6 billones, incluidas compras de activos, líneas de swap de divisas y servicios de crédito y liquidez. Estas medidas inmediatas y sin precedentes adoptadas por los bancos centrales han restablecido la confianza y han estimulado la toma de riesgo por parte de los inversionistas, incluso en los mercados emergentes, que por primera vez han recurrido a las compras de activos. Los precios de los activos de riesgo han repuntado después de la estrepitosa caída sufrida a principios de año, mientras que las tasas de interés de referencia han disminuido. Al distenderse las condiciones financieras mundiales, el apetito por el riesgo también ha retornado a los mercados emergentes. Las salidas de cartera agregadas se han estabilizado, y algunos países han percibido algunas entradas modestas. En los mercados de crédito, los diferenciales correspondientes a las empresas de grado de inversión no especulativa ( investment grade) en las economías avanzadas están actualmente bastante contenidos, lo que contrasta con los pronunciados aumentos de los diferenciales durante shocks importantes en el pasado. Los diferenciales también se han reducido considerablemente en los países de mercados emergentes, pero un poco menos en los mercados preemergentes. En términos netos, los riesgos para la estabilidad financiera a corto plazo han variado poco desde el último Informe sobre la estabilidad financiera mundial, gracias a que las medidas inmediatas y enérgicas de las autoridades han ayudado a amortiguar el impacto de la pandemia en las perspectivas económicas mundiales.

Ha surgido una desconexión

Algo que ilustra la desconexión entre los mercados financieros y la economía real es el desfase que ha surgido recientemente entre el dinamismo de la bolsa en Estados Unidos y el desplome de la confianza de los consumidores (dos indicadores que históricamente han tenido la misma tendencia), y esto hace dudar sobre si la sostenibilidad del repunte sería sostenible si no contara con el estímulo proporcionado por los bancos centrales.

Esta divergencia introduce el riesgo de que los precios de los activos sufran una nueva corrección si se produjera un cambio de actitud de los inversionistas, lo cual pondría en peligro la recuperación. En el pasado, durante períodos de fuerte presión económica, se han observado repuntes efímeros de las acciones en medio de mercados bajistas.

 

¿Cuáles son los factores desencadenantes?

Varios acontecimientos podrían desencadenar un descenso de los precios de los activos de riesgo. La recesión podría ser más profunda y larga de lo que actualmente prevén los inversionistas. Podría haber una segunda ola de infecciones, con las consiguientes medidas de contención. Las tensiones geopolíticas o un aumento del malestar social ante la creciente desigualdad mundial podrían trastocar la confianza de los inversionistas. Por último, puede ser que las expectativas de los mercados sobre la magnitud de la ayuda de los bancos centrales a los mercados financieros terminen siendo demasiado optimistas, lo cual llevaría a los inversionistas a reconsiderar tanto su apetito por el riesgo como la valoración de los riesgos.

Tal revaloración, sobre todo si se ve amplificada por vulnerabilidades financieras, podría dar lugar a un marcado endurecimiento de las condiciones financieras, que restringiría el flujo de crédito a la economía. Las tensiones financieras podrían agudizar una recesión económica que ya de por si no tiene precedentes, complicando aún más la recuperación.

 

Vulnerabilidades preexistentes

La pandemia está dejando al descubierto las vulnerabilidades financieras preexistentes. En primer lugar, tanto en las economías avanzadas como en las de mercados emergentes, la carga de la deuda de las empresas y los hogares podría tornarse inmanejable si la economía experimentara una contracción grave. La deuda agregada de las empresas ha venido aumentando por varios años, y ahora se sitúa en máximos históricos en relación con el PIB. La deuda de los hogares también ha aumentado en muchas economías, algunas de las cuales ahora se enfrentan a una desaceleración económica sumamente pronunciada. Este deterioro de las variables fundamentales de la economía ya ha provocado rebajas de las calificaciones crediticias de las empresas, y existe el riesgo de repercusiones más generales en la solvencia de las empresas y los hogares. 

En segundo lugar, la materialización de eventos crediticios pondrá a prueba la resiliencia del sector bancario, a medida que este evalúe la forma en que el apoyo de los gobiernos a hogares y empresas se va plasmando en medidas concretas que ayuden a los prestatarios a pagar sus préstamos. Algunos bancos han empezado a prepararse para este proceso, y el decreciente valor de sus acciones denota la expectativa de que su rentabilidad se verá sometida a más presiones.

En tercer lugar, las empresas financieras no bancarias también podrían verse afectadas. Estas entidades han adquirido más preponderancia que antes en el sistema financiero. Pero como no se ha puesto a prueba su capacidad para seguir suministrando crédito durante una desaceleración, es posible que a la larga terminen exacerbando la tensión. Por ejemplo, una corrección brusca de los precios de los activos podría dar lugar a cuantiosas salidas de los fondos de inversión (como ocurrió a comienzos del año), y eso podría desencadenar ventas masivas de activos.

En cuarto lugar, si bien las condiciones en general se han distendido, los riesgos no han desaparecido para algunas economías emergentes y preemergentes con necesidades de refinanciación más urgentes. La refinanciación de sus deudas será más costosa si las condiciones financieras se tornan más restrictivas de repente. Algunos de estos países también tienen bajos niveles de reservas, lo cual complica la gestión de sus carteras. Las rebajas de las calificaciones crediticias podrían empeorar esta dinámica.

 

Sopesar las disyuntivas

La respuesta a la pandemia plantea prioridades divergentes y los países tienen que encontrar el equilibrio adecuado, sopesando los pros y contras que implica seguir estimulando la economía sin descuidar la estabilidad financiera.

El inédito uso de herramientas no convencionales sin duda a amortiguado el golpe que la pandemia ha asestado a la economía mundial, y ha reducido el peligro inmediato para el sistema financiero mundial, que es el objetivo previsto de las medidas de política. No obstante, las autoridades tienen que prestar atención a las posibles consecuencias no previstas, como una continua acumulación de vulnerabilidades financieras en un entorno de condiciones financieras favorables. Ante la expectativa de que los bancos centrales continúen brindando apoyo, surge la posibilidad de que las ya excesivas valoraciones de los activos se transformen en vulnerabilidades, sobre todo ante el hecho de que los sistemas financieros y los sectores empresariales están agotando sus reservas durante la pandemia. Una vez que esté firmemente en marcha la recuperación económica, las autoridades deberían abordar de forma urgente las vulnerabilidades que podrían sembrar las semillas de problemas en el futuro y poner en riesgo el crecimiento más adelante.

Lo que los rescates de hoy pueden hacer por las economías de mañana

Lo que los rescates de hoy pueden hacer por las economías de mañana

Autor: Saadia Zahidi- Junio 26, 2020

La crisis de COVID-19 ofrece a los gobiernos la oportunidad de construir economías más justas, sostenibles y resistentes. Los gobiernos están aprovechando los rescates para fomentar prácticas empresariales más responsables, salvar empleos, abordar la desigualdad y el cambio climático y crear una capacidad de recuperación a largo plazo. La próxima oleada de medidas de rescate debería ir más allá en la aplicación de reformas audaces y con visión de futuro.

El año pasado, el Reporte Global de Competitividad anual del Foro Económico Mundial evaluó cómo estaban preparados para el futuro 141 gobiernos y concluyó que la mayoría tenía un mal desempeño en éste y otros indicadores cruciales de largo plazo. Sin embargo, ahora que el confinamiento inducido por la pandemia está causando estragos en la economía global y pone de manifiesto las deficiencias de muchas instituciones, hemos llegado a una era de gobierno más grande –y quizá más audaz.

 

La crisis ofrece una oportunidad para lo que el Foro Económico Mundial dio en llamar el “Gran Reinicio”, no a partir de algún punto distante en el futuro sino ahora mismo. Basados en las lecciones aprendidas durante la crisis financiera de 2008 y sus secuelas, muchos gobiernos están aplicando una serie de condiciones sensatas a los rescates y otras medidas de ayuda. La asistencia a corto plazo que se ofrece hoy puede y debe ser aprovechada para fomentar prácticas comerciales más responsables, salvar empleos, abordar la desigualdad y el cambio climático y construir una resiliencia a largo plazo contra las crisis futuras.

Por ejemplo, debido a los temores por la creciente desigualdad y las presiones sobre los presupuestos públicos, Francia, Dinamarca y Polonia han negado el respaldo del gobierno a empresas con casas matrices en paraísos fiscales fuera de Europa. Y el Reino Unido ha prohibido los pagos de dividendos y ha restringido los bonos en empresas que acceden a su esquema de préstamos.

Los gobiernos también intentan salvaguardar los empleos ofreciendo incentivos para que las empresas mantengan los niveles de empleo. Las empresas norteamericanas que acceden a los fondos de la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus deben mantener por lo menos el 90% de sus niveles de empleo previos a la pandemia hasta el 30 de septiembre. Japón ha aplicado condiciones similares al extender su asistencia para la retención de empleados tanto a empresas pequeñas y medianas como a grandes corporaciones. Y Rusia ha introducido subsidios salariales para las empresas que retienen por lo menos el 90% de su fuerza laboral. Mientras tanto, Italia está implementando una prohibición total temporaria de despedir empleados, no limitada a empresas que acceden a fondos del gobierno. Si bien todavía está por verse si estas restricciones temporarias serán efectivas a la hora de mantener el empleo una vez que se las levante, ofrecen un colchón –y una “oportunidad de dar pelea”- a los trabajadores en medio de esta crisis sin precedentes y de cara a una recuperación futura.

Inclusive en sectores profundamente afectados, se están diseñando medidas de rescate que hagan hincapié en la responsabilidad social y ambiental, y fomenten el pensamiento de largo plazo. Por ejemplo, ahora que la industria aeronáutica enfrenta un shock de demanda como resultado de las restricciones de los viajes globales, sus prácticas comerciales previas a la crisis han pasado a estar bajo escrutinio.

En los últimos diez años, las aerolíneas más grandes de Estados Unidos gastaban el 96% de su flujo de caja disponible en recompras de acciones, casi el doble que otras empresas del S&P 500. Ahora, las aerolíneas faltas de liquidez que quieren acceder a los fondos del gobierno no sólo deben dejar de recomprar acciones y pagar dividendos hasta fines de 2021; también deben aceptar no utilizar cesantías involuntarias o reducir las tasas de pago hasta el 30 de septiembre. De la misma manera, el gobierno francés ha adjuntado “cuerdas verdes” a su rescate de 7.000 millones de euros (7.900 millones de dólares) de Air France-KLM, exigiendo que la aerolínea se comprometa a reducir a la mitad sus emisiones de dióxido de carbono (por pasajero y por kilómetro), en relación a su nivel de 2005, para 2030.

Estas instancias de incorporar un pensamiento de largo plazo en las medidas de corto plazo son claramente pasos en la dirección correcta. Pero, dada la magnitud del respaldo fiscal que se está ofreciendo y las crecientes preocupaciones por la desigualdad, el cambio climático, el desempleo y la deuda pública, la próxima ola de medidas de recuperación debería llegar más lejos.

En este sentido, debería tomarse al fondo de crisis Próxima Generación UE de la Comisión Europea como un modelo para que otros puedan imitar. Con 750.000 millones de euros (845.000 millones de dólares) en subsidios y préstamos, promete introducir una recuperación justa e inclusiva al acelerar la transición a una economía digital verde. Sus condiciones básicas ayudarían a los países europeos a alejarse de las industrias pesadas en decadencia respaldando al mismo tiempo a los trabajadores vulnerables. Pero todavía está por verse si todos los estados miembro de la UE se sumarán.

La pandemia ha empujado a los gobiernos a asumir un papel más proactivo de lo que cualquiera habría imaginado hace apenas unos meses. En tanto vayamos dejando atrás la crisis sanitaria inmediata, los responsables de las políticas deberán aprovechar la oportunidad para implementar reformas audaces y ambiciosas. Eso incluye rediseñar los contratos sociales, ofrecer redes de seguridad apropiadas, cultivar las capacidades y los empleos que necesitará la economía futura y mejorar la distribución del riesgo y del retorno entre la población, el estado y el sector privado.

Pero mientras que los gobiernos deben asumir un papel de liderazgo, dar forma a la recuperación y trazar un nuevo sendero hacia el crecimiento exigirá una mayor colaboración entre las empresas, las instituciones públicas y de gobierno y los trabajadores. Para que el Gran Reinicio tenga éxito, todas las partes interesadas deben participar.

A esta altura, debería ser obvio que no podemos regresar a un sistema que beneficiaba a unos pocos a expensas de muchos. Obligados a manejar presiones de corto plazo y, al mismo tiempo, confrontar incertidumbres de largo plazo, los líderes se encuentran en una encrucijada histórica. La nueva influencia de los gobiernos les brinda los medios para empezar a construir economías más justas, más sustentables y más resilientes.